Revista Latinoamericana de Psicoterapia Existencial. UN ENFOQUE COMPRENSIVO DEL SER.  Año 13 - Nº 26 - Abril 2023.

 

Sección Ensayos y Revisión

 

La mirada sobre el ser humano en Carl Rogers, una antropología implícita

 

Ramón Oscar Ortellado

Córdoba, Argentina

Universidad Católica de Córdoba


 

Resumen

En el presente texto, pretendemos mostrar cómo es posible asumir la perspectiva de C. Rogers como una visión antropológica que se sustenta en su propia experiencia e investigaciones como pedagogo y psicoterapeuta. Partimos del núcleo y fuente de toda su elaboración teórica, la experiencia, para continuar con otros seis tópicos como son, la confianza en el propio organismo, el cambio en el foco de evaluación, el sentirse a gusto con el propio proceso, la orientación hacia el funcionamiento óptimo y el ejercicio de la libertad como vida plena, concluyendo con la creatividad como fruto de la transformación personal.

 

Palabras claves

persona, experiencia, organismo, proceso, cambio, libertad, antropología, funcionamiento pleno, ser humano, counseling.

 

Introducción

Doy comienzo a esta reflexión señalando que el contexto en el cual surge este pequeño aporte es la formación de futuros counselors, con los cuales comparto la asignatura de Introducción a la Filosofía, Antropología filosófica y Sociología. Por tal motivo, las páginas que siguen tienen la pretensión de mostrar algunos textos de Carl Rogers en los que se pone de manifiesto su visión acerca del ser humano.

Conviene recordar que se trata de una mirada personal en perspectiva filosófica. Tengo la convicción de que solo es una punta del ovillo para seguir tirando y descubriendo los aportes antropológicos de Rogers en algunas de sus obras más conocidas.

 

Algunas características o vectores

A partir de la premisa de que toda la tarea reflexiva que conforma la obra de Rogers se basó en la experiencia que adquirió tanto en su vida personal como en la profesional desde su rol de terapeuta, educador y facilitador, se puede decir que, justamente, el contacto con personas en distintas situaciones y estilos de vida, le permitió observar cómo las problemáticas personales, lejos de ser uniformes o encasillables, son diversas y adquieren significación según lo vivido o experimentado por cada individuo.

No obstante, parece que en todos los casos hay preguntas fundamentales: ¿Quién soy yo realmente?, ¿Cómo puedo entrar en contacto con este sí mismo real que subyace a mi conducta superficial?, ¿Cómo

 

 

 

puedo llegar a ser yo mismo? (Rogers, 2015. Pág. 104).

Cierto es que en la vida de todas las personas hay problemas, pero lo crucial es comprender que toda vida es compleja, inasible y multicolor. Es una película que está en permanente rodaje, de la que tenemos solo una percepción aparente y sesgada sobre la cual

construimos nuestro relato porque decidimos o sentimos la necesidad de mostrar sólo aquella parte más “taquillera”, es decir nuestras facetas más aceptables o rentables en términos de afectos, cariño y compañía.

En este sentido, pretendemos acercarnos a Rogers leyendo algunos de sus textos en clave antropológica.

En mi opinión en la obra de Rogers no encontramos una definición explícita sobre el hombre, sobre el ser humano; en cambio, sí hay descripciones de sus características en términos operacionales y dinámicos. Esto muestra que su preocupación se centra más en ver la posibilidad de captar en cada persona su dinamismo experiencial, sus fuerzas y tendencias a desarrollar lo mejor de su sí mismo, antes que estandarizar o limitarla en una definición.

En este sentido afirma: Aparentemente, el objetivo más deseable para el individuo, la meta que persigue a sabiendas o inconscientemente, es llegar a ser él mismo (Rogers, 2015. Pág.104).

En otras palabras, la visión de Rogers no es dogmática, ni parte de una abstracción de corte racionalista; sólo señala que según lo “aparente”, es decir lo que aparece, lo que se manifiesta, lo que ha podido observar en su labor como terapeuta,  todos los que formamos parte de la humanidad necesitamos contar con espacios de libertad, aceptación y seguridad que nos permitan superar nuestros miedos, dejar caer nuestras máscaras, y abrirnos paso entre los prejuicios, como camino para poder inclusive disfrutar de las incertezas y vivir según nuestras propias convicciones.

Nos dice Rogers: el cliente (la persona) habitualmente emplea la relación (sea en la terapia como en la vida) para explorar y examinar los diversos aspectos de su propia experiencia, para reconocer y enfrentar las profundas contradicciones que a menudo descubre (Rogers, 2015. Pág.105).

En este contexto, descubrimos y aprendemos que a menudo nuestra conducta y sentimientos son impostados, no se corresponden con nuestro sentir organísmico, sino que más bien son frutos del “debería” o de los mandatos que hemos internalizado, o de la necesidad de responder a las miradas, exigencias, evaluaciones y aprobaciones de los otros.

De ello se desprende que el problema central de la persona, sea en situaciones recientes o actuales, sea en vivencias más arraigadas, es que, si bien no puede vivir su sí mismo, desea ser y expresarse como un ser único, como una persona digna de confianza y de aprecio.

Ahora bien, si tal como venimos diciendo, la relación en donde la persona realiza su propia exploración es un camino experiencial, hay que admitir que esta vía no es la de cualquier búsqueda o indagación, sino que se trata de ir abriéndose paso, quitando la maleza, superando los obstáculos y asumiendo los sentimientos contradictorios, turbulentos, y hasta a veces desalentadores.

De modo que la motivación para emprender esta aventura consiste en tomarse la libertad, en habilitar ese espacio de autonomía y creatividad, en animarse a internarse en el desierto o subir la ladera, con el deseo de hacer cumbre; meterse en el espeso follaje del sentir y del ser uno mismo para poder descubrir orgásmicamente los nuevos paisajes de la existencia, hasta ese momento desconocidos, rechazados, minusvalorados por la presión del pasado, del presente y del contexto social.

Será entonces allí, en ese ambiente de libertad y seguridad, en donde experimentaré con temor y temblor, pero también con amor y confianza, que soy el mismo tanto cuando siento enojo, rencor u odio, al igual que cuando me invade el amor, la ternura, la compasión. Entonces surge la experiencia de que estoy siendo lo que soy, caen mis máscaras y se abren mis refugios para dar paso a la confianza, la aceptación, al gusto por mí mismo, al amor por mi propia existencia, al agradecimiento por la vida, por los caminos recorridos, por las personas encontradas. Ya no tengo modelos, no tengo metas, soy mi experiencia, mis vivencias, soy mi caminar con una orientación, un desarrollo hacia el crecimiento y la aceptación de la realidad, de mi realidad. Ahora puedo acompañar amorosamente la corriente de mi existencia, con sus vaivenes, sus tormentas y sus días soleados.

Ya no me impongo a mis propias experiencias ni a las de los demás; simplemente las vivo, las acepto y las valoro como dignas, confiables y respetables.

Ahora parece que estoy siendo, deviniendo persona pero ¿qué persona soy?, ¿qué características descubro en mí?

 

1.- Apertura a la experiencia

Una primera característica, un primer vector que orientará mi vida será la apertura a la experiencia. Aparece aquí esa mirada y postura existencial de Rogers, que le permite concebir la experiencia como algo dado al individuo, como algo suyo; no es una realidad abstracta sino concreta, sentida, vivencial. Señala Rogers que sólo asimilamos, asumimos, introyectamos, aquellos contenidos experienciales que coinciden con la imagen que tenemos de nosotros mismos, caso contrario creamos defensas o barreras que distorsionan esa realidad percibida para que se ajusten a nuestra imagen.

La apertura implica una mayor consciencia de mis sentimientos y actitudes, tal como existen en el nivel orgánico. Se expande la visión de la realidad percibiendo los matices, soy capaz de aceptar los hechos tal como son, sin necesidad de distorsionarlos para que se ajusten al modelo preconcebido.  Esto me permitirá vivir con mayor realismo las situaciones nuevas y me dará mayor plasticidad frente a mis creencias, permitiéndome aceptar sin dogmatismos los matices de mi vida y mis ambigüedades, reconociendo y experimentado que estoy en crecimiento. Ya no necesito saberme perfecto, ahora puedo mostrar mis heridas, mis partes vulnerables.

Rogers, en otro de sus escritos, donde describe algunos conceptos o constructos teóricos, señala que la experiencia, vista psicológicamente engloba todo lo que sucede dentro del organismo en cualquier momento y que está potencialmente disponible para la consciencia inmediata (Rogers, 2014. Pág. 26).

Esto último es importante ya que no se trata de la experiencia como acumulación de vivencias pasadas, sino de un segmento de ella, de ese campo experiencial, de aquello que se hace presente en mí mostrándome la realidad de ese momento, de esa circunstancia. En palabras del filósofo Martín Buber, contemporáneo de C. Rogers, sería el percibir mi mundo personal frente al mundo dado; es la experiencia de sentirme junto a las cosas, al lado de los otros, pero a la vez independiente de ellos, por cuanto solo el ser humano puede tomar distancia, incluso de sí mismo. Esta experiencia lo hace capaz de diálogo porque es la apertura a la alteridad. (Buber, 2004. Pág. 142).

 

2.- Confianza en el propio organismo

Un segundo vector será la confianza en mi propio organismo: Rogers señala que, si la terapia ha sido exitosa, si la relación ha sido constructiva, el individuo descubrirá que su organismo es confiable, que puede fiarse de sus avisos y señalamientos, que es un instrumento adecuado para testear su vida cotidiana.

A partir de ahora, mi organismo como totalidad sentiente, como lugar donde mis sentimientos, miradas, emociones, percepciones y entendimiento se unifican para informarme sobre la realidad, merece ser tenido en cuenta para mis decisiones y para el conocimiento de aquello que resulta más pertinente y propio en mi situación actual. Al tener una consciencia enriquecida de mi experiencia puedo utilizar esos datos para hacer frente a nuevas situaciones. Ahora soy poseedor de una mejor percepción de la complejidad de la realidad.

Como Rogers señala,

 

con (…) la ayuda de su pensamiento consciente, (la persona) puede permitir a su organismo considerar, evaluar y equilibrar cada estímulo, necesidad y demanda y sopesar su gravitación e intensidad relativas. Sobre la base de estas complejas consideraciones, es capaz de descubrir la elección que más se aproxima a la satisfacción de todas sus necesidades mediatas e inmediatas en esa situación. Por lo cual, la conciencia deja de controlar un conjunto de sentimientos peligrosos e imprevisibles y se convierte en adecuado albergue de un cúmulo de impulsos, sentimientos y pensamientos que se autogobiernan de manera satisfactoria, en ausencia del severo control entonces ejercido. (Rogers, 2015. Pág. 112-113).

 

 

3.- Cambio en el foco de evaluación

Un tercer vector o tendencia que se manifiesta será el cambio de foco de evaluación, esto es, el lugar desde dónde me relaciono y valoro mis decisiones de vida. Lo cual implica tener mayor independencia de las valoraciones u opiniones externas. Puedo asumir el costo y responsabilidad de mis decisiones y conductas según mis perspectivas y búsquedas de satisfacción personales, percibiendo que ellas expresan adecuadamente mi ser genuino.

Esta experiencia única de asumir que soy el responsable y artífice de mi existencia y elecciones, si bien es abrumadora, también es liberadora y fascinante. No me culpo ni culpo a los demás de mis errores, sino que trato de ajustar mi mirada y decisiones, para seguir caminando y construyendo mi propia orientación.

 

4.- Sentirse a gusto con el propio proceso

Una cuarta característica o vector de esta orientación es el descubrir y sentirme cómodo en el cambio, en el proceso. He descubierto que mi dinamismo y desarrollo personal tiene que ver con ese ser que deviene permanentemente, con la experiencia del “estar siendo”, y por lo tanto ya no concibo la vida como llegar a una meta, alcanzar un logro, convertirme en un producto terminado, sino que aspiro a desarrollarme, a vivir una vida plena. Lo cual no significa ausencia de inquietudes y esfuerzos, por cuanto lo importante ahora es la integración, la reorganización de mí mismo, mi transformación personal.

En palabras de Rogers:

 

Ello significa que una persona es un proceso de transformación, no una entidad fija y estática; un río que fluye, no un bloque de materia sólida; una constelación de potencialidades en permanente cambio, no un conjunto definidos de rasgos y características, (…) tengo la sensación de flotar en la compleja corriente de la experiencia y tengo la posibilidad fascinante de intentar comprender su complejidad siempre cambiante (Rogers, 2015. Pág. 115).

 

Todo lo dicho está sujeto al cambio de nuevos tiempos, de nuevas comprensiones e investigaciones; y como todo en la existencia, es algo provisional: cada uno de nosotros tiene la libertad y responsabilidad de seguir buscando, pues parece haber indicios de que en esta precaria pero maravillosa aventura de ser humanos, compartimos como algo inherente a nuestra condición, la experiencia y la necesidad de relación desde la libertad y los cambios permanentes.

 

5.- Funcionamiento óptimo de la persona

A continuación, señalamos otras variaciones del mismo tema, desarrolladas en el capítulo ocho de la misma obra, El proceso de convertirse en persona, donde Rogers vuelve sobre un artículo que había escrito un tiempo atrás, reflexionando acerca de preguntas fundantes que parecen generalizarse en cada ser humano. Dicho capítulo se titula: Ser la persona que uno realmente es: cómo ve un terapeuta los objetivos personales. Y a mi modo de ver, retoma allí las preguntas anteriores desarrollando algunos puntos ya mencionados.

Las preguntas son: ¿Cuál es mi objetivo en la vida?, ¿Para qué me estoy esforzando? ¿Cuál es mi propósito? Parece no haber duda de que estas preguntas existenciales atraviesan a toda persona, particularmente en algún momento de su vida. Nuevamente el autor apela a su experiencia vital como terapeuta desde donde cree poder decir algo acerca de la trama y tendencias que se manifiestan en las personas que se animan a recorrer caminos terapéuticos, sea en la misma terapia, sea en relaciones facilitadoras y constructivas, relaciones que expandan la libertad y la capacidad de elegir.

A pesar de lo expuesto, las mismas preguntas pueden ser respondidas de diversas maneras, según cada persona, su época y su cultura. Las investigaciones actuales pueden sugerir otras respuestas, pero aquí tratamos del enfoque que Rogers les dio a las preguntas mencionadas.

Las tendencias que a su juicio aparecen luego de un proceso terapéutico exitoso son los siguientes:

En esta orientación, las personas

 

1.- Dejan de utilizar las máscaras; 2.- Dejan de sentir los debería; 3.- Dejan de satisfacer expectativas impuestas; 4.- Dejan de esforzarse por agradar a los demás; 5.- Comienzan a autoorientarse; 6.- Comienzan a ser un proceso; 7.- comienzan a ser toda la complejidad de su sí mismo; 8.- comienzan a abrirse a la experiencia; 9.- Comienzan a aceptar a los demás; 10.- Comienzan a confiar en sí mismos. (Rogers, 2015. Pág. 152-159).

 

En coincidencia con lo que venimos desarrollando, me parece oportuno señalar algunos puntos que se encuentran en otro texto, cuyo título es: Teoría del funcionamiento óptimo de la personalidad, concepto relevante y pertinente para nuestro análisis de la perspectiva antropológica, en cuanto que la dirección por la que opta el individuo es hacia un funcionamiento pleno de su personalidad, cuyas características según Rogers serían las siguientes:

 

El individuo, 1.- Está abierto a su experiencia; 2.- En consecuencia, todas sus experiencias son accesibles a la conciencia; 3.- Sus percepciones son tan exactas como lo permiten los datos de su experiencia; 4.- La estructura del yo es congruente con la experiencia; 5.- La estructura del yo es una Gestalt fluida que se modifica con flexibilidad en el curso del proceso de asimilación; 6.- El sujeto se percibe como el centro de valoración; 7.- El proceso de su valoración es continuo y organísmico; 8.- El sujeto se conduce en todo momento de manera adaptativa y manifiesta una actitud creativa ante toda nueva situación; 9.- Descubre que su capacidad de valoración autónoma organísmica representa una verdadera guía para logar conductas más satisfactorias; 10.- Teniendo en cuenta el carácter gratificante de la consideración positiva recíproca, ese individuo vive con los otros en la mejor armonía posible. (Rogers. 2015. Pág. 112).

 

De este modo el concepto de funcionamiento pleno, es sinónimo de adaptación psicológica, madurez óptima y congruencia interna.

Tengamos presente que para Rogers el ser humano es un ser de relaciones. Esta categoría antropológica es fundante en su concepción de humanidad y el devenir en persona. En cuanto que la persona humana tiene su origen en una relación, cualquiera sea el grado de humanidad que ella posea, se constituye como persona desde una relación -la madre en particular-, y se desarrolla mediante las relaciones y vínculos propios de su entorno social y cultural.  De modo que, ante una persona que por sus relaciones o vínculos deteriorantes de su personalidad y su crecimiento se encuentra en una situación de desorganización o carente de armonía, el cambio es posible mediante relaciones constructivas, creativas y liberadoras del sí mismo.

Ampliando este horizonte podemos señalar que todas las relaciones tienen su importancia: el vínculo con nuestros pares humanos, con nuestro entorno, con la sociedad, con la cultura, con la trascendencia. Pero a mi modo de ver, la que orienta el desarrollo y crecimiento hacia una vida plena es la relación con nuestro sí mismo desde la interioridad y espiritualidad, con esa experiencia de ser lo que se es, con ese volver a encontrarnos con nuestra genuinidad, aquella que teníamos de niños y fuimos ocultando por valoraciones externas. En este sentido la crisis de lo humano proviene de una falta de conocimiento de sí mismo, pero no en un sentido meramente racional, como conceptualización abstracta o constructo teórico, por importante que sea; sino como una experiencia de mi organismo como totalidad sentiente que incluye la inteligencia, la sensibilidad y las emociones. Es la experiencia que supera el saber para pasar a ser un sabor; significa que no solamente tengo sabor a mí mismo, sino que descubro el gusto y puedo disfrutar de mi mismidad.

En el capítulo IX de su obra, El proceso de convertirse en persona, Rogers señala que vida plena no significa vida estática ni un estado de virtud como tampoco de resignación, éxtasis o felicidad, ni una condición donde el individuo se encuentra adaptado, logrado o realizado. Dichos términos no se ajustan a su visión de vida plena, a la que concibe como un dinamismo permanente y creativo, como una orientación antes que un destino, como la libertad y capacidad para elegir, aun cuando esa elección signifique equivocarse.

 

6.- Libertad y vida plena

En el intento de descubrir y señalar algunos conceptos antropológicos en el pensamiento de Carl Rogers, considero importante sumar otra categoría como es la de libertad.

El análisis que realiza de este concepto es de tipo operativo experiencial, es decir no define la libertad en términos abstractos, sino como experiencia vital donde el individuo se recupera y se desarrolla. Esta experiencia de libertad es clave en todas las relaciones, sean estas del ámbito familiar, educativo, laboral, etc., pues entiende el autor que si hay ambiente de libertad entonces es posible que el individuo se haga cargo de sí mismo y realice su aporte a la construcción social.   

En términos de proceso terapéutico o de relaciones personalizantes, cuando la relación es adecuada, el individuo experimenta una gran libertad para autoexplorarse, desbloquearse y poder compartir sus angustias y sus miedos.

Iniciamos esta reflexión señalando que una de las características principales, desde la mirada antropológica, es la experiencia de la persona. Agregamos que se trata de un experienciar la existencia en cuanto proceso de libertad y liberación. Si bien este tema es recurrente en los escritos de Rogers, estimo oportuno desarrollarlo a partir de un artículo titulado: “Aprender a ser libre”, de su obra Persona a persona, escrita en coautoría con Barry Stevens. Vale aclarar que el mismo escrito se encuentra también, con algunas variaciones, en su obra Libertad y creatividad en la educación.

En el texto citado, Rogers entiende que la libertad es una experiencia que puede ser vista como un llegar a ser persona o como coraje de ser; o como un aprender a ser libre, tratándose de un fenómeno profundamente subyugante para cualquiera que lo haya observado o vivido. (Rogers /Stevens, 2012. Pág. 59).

Es la experiencia de un proceso que desarrolla en la persona una mayor autonomía, espontaneidad, confianza en su sí mismo, en el que tiene consciencia de su elección en la orientación que decide, aun en las circunstancias adversas y los límites que están dados como sujeto social e histórico. En él, la persona no tiene certeza de los resultados, aunque sí la seguridad de que la opción por tal o cual dirección es la adecuada, porque es suya, porque tiene su foco de evaluación en sí misma. Ya no se siente víctima de fuerzas oscuras inconscientes o de las opiniones y demandas externas. Es la experiencia viva de su propia individualidad y de sus potencialidades hacia una existencia plena.

Esta experiencia tiene características que le son propias, tales como la aceptación de vivencias o sentimientos contradictorios o la memoria de situaciones no queridas. Ahora simplemente las dejo existir, están ahí, son parte de la trama de la historicidad y de mi ser en el mundo, como los hilos de un tejido que han conformado mi vida. Ya no hay necesidad de negarlo o de defenderme frente a ello. En consecuencia, se da una mayor consciencia de mí mismo, una mayor comunicación con mi propia intimidad y espiritualidad, que se convierte en guía de futuras decisiones y acciones.  Es, además, un caminar, un adentrarse en un laberinto en el que se avanza y se retrocede, para volver a tomar la senda más prometedora y orientadora para salir del mismo, y poder alcanzar finalmente esa libertad responsable.

Nuestro autor, no niega la influencia y límites de los condicionamientos personales, sociales e históricos, es decir los datos que aportan distintas disciplinas del orden biológico y social, y en particular la propia psicología. No obstante, entiende que toda persona posee un espacio propio, único y humano.

De modo que, cuando se refiere a la libertad lo hace desde su experiencia como psicólogo humanista, que afirma un último espacio sagrado, donde la persona se hace dueña de su propia vida y acciones.

Dice al respecto:

 

Me refiero aquí a esa clase de libertad que Frankl describe con vívidos trazos en la experiencia que tuvo en un campo de concentración cuando los prisioneros fueron despojados de todo: pertenencias, identidad, derecho a elegir; pero la permanencia en ese ambiente, aun durante meses y años, solo demostró ‘que a un hombre puede quitársele todo menos una cosa: la última de las libertades humanas, la de elegir la propia actitud en cualquier conjunto dado de circunstancias, el propio camino’. La libertad que he observado es interior, es subjetiva, existencial. (Rogers, C. /Stevens, B., 2012. Pág. 59).

 

En este sentido, el reconocido psicólogo y psicoterapeuta estadounidense Rollo May, contemporáneo de Rogers, en su obra El hombre en busca de sí mismo, realiza un planteamiento muy cercano a nuestro autor. De hecho, es el mismo Rogers quien en su obra El proceso de convertirse en persona, señala que su propuesta de reflexión teórica se encuentra en la línea o tendencia de autores como Gordon Allport, Abraham Maslow y Rollo May. (Rogers, R. El proceso de convertirse en persona. 2015. Pág.11).

En el escrito señalado, May dice:

 

La libertad es la capacidad para hacerse cargo de su propio desarrollo. Es nuestra posibilidad de formarnos a nosotros mismos. Es la otra cara de la conciencia de sí mismo; si no fuéramos capaces de tomar conciencia de nosotros mismos nos empujarían hacia adelante nuestros instintos y la marcha automática de la historia como a las abejas o a los mastodontes. (May, 1985. Pág. 129)

 

Para Rogers, esa libertad se experimenta como comprensión de que puedo vivir mi vida aquí y ahora como elección propia y agrega:

 

Es el tipo de coraje que nos permite adentrarnos en la incertidumbre de lo desconocido por nuestra propia elección. Es el descubrimiento de un significado interior que nace de atender, en actitud sensible y abierta, a las complejidades de la propia experiencia. Es la carga de ser responsable por el yo que se elige ser. (Rogers, C. /Stevens, B., 2012. Pág. 59).

 

En esta experiencia fascinante, de acceso a la propia individualidad, donde sigo siendo yo y mi historia, yo y mis decisiones intransferibles, a veces incomunicables, percibo con fuerza y dinamismo subjetivos esa realidad concreta y real que me atraviesa.

En este sentido, quiero compartir un significativo texto de Rogers en el que resuena esta experiencia. Está en el prólogo de la obra Psicoterapia centrada en el cliente y dice así:

 

Esta obra se refiere al sufrimiento y a la esperanza, a la ansiedad y la satisfacción, que llenan el consultorio de cada terapeuta. Se refiere a la unicidad de la relación, que cada terapeuta establece con cada cliente…, se trata acerca de un cliente, en mi consultorio, que se sienta frente al escritorio, luchando por ser el mismo  y sin embargo mortalmente temeroso de serlo, esforzándose por ver su experiencia tal como es, deseando ser esa experiencia y sin embargo mortalmente temeroso ante esa perspectiva…, se trata de mí en la medida en que me regocijo del privilegio de ser el partero de una nueva personalidad, en la medida en que reverencio la emergencia de un yo, de una persona; que observo un  proceso de nacimiento en el cual he tenido un papel importante y facilitador. Se refiere tanto al paciente como a mí en tanto observamos maravillados las fuerzas potentes y ordenadas que se hacen evidentes en esta experiencia total, fuerzas que parecen profundamente arraigadas en el universo como un todo. Creo que el libro se refiere a la vida, en la medida en que la vida se revela vívidamente en el proceso terapéutico, con su poder ciego y su tremenda capacidad de destrucción, pero con su equilibrador impulso hacia el crecimiento, cuando se dan las condiciones propicias. (Rogers, 2016. Pág. 14-15).

 

A propósito de las condiciones propicias, se refiere precisamente a aquellas que facilitan esta experiencia de libertad y responsabilidad, este aprender a ser libre; condiciones que tienen que estar presentes en toda relación terapéutica o relación de ayuda y de crecimiento, para que surja este nuevo individuo. Estas condiciones necesarias son: la aceptación amorosa, la comprensión empática y la coherencia o autenticidad.

 

7.- La creatividad como fruto de la transformación personal

Con este punto quiero dar un cierre a la reflexión compartida, siempre sujeto al diálogo y a la crítica. Soy consciente de haber dejado seguramente varios puntos fuera del escrito; no obstante, la intención principal es invitar al lector a sumergirse por sí mismo en la lectura de la obra de Rogers, que a mi modo de ver es tremendamente actual, provocativa y sugerente.

El tema de la creatividad es un punto capital para Rogers y lo desarrolla en distintas obras, pero en particular en su libro Libertad y creatividad en la educación. Un capítulo precioso de esta obra, el XV, titulado: libertad y compromiso. En esta ocasión, tomo algunos aspectos del capítulo XIX, que lleva por título Hacia una teoría de la creatividad, de la obra que más hemos citado en este escrito, tal vez la más conocida y de fácil acceso, El proceso de convertirse en persona.

Lo primero que señala es la necesidad social de que surjan personas creativas, autónomas y con convicciones para llevar a cabo sus propios ideales y valores. Frente a esta necesidad nos muestra que, en particular las grandes y tradicionales instituciones formativas de la persona, por lo general no promueven la creatividad, sino por el contrario la adaptación sumisa y obediente a las convenciones establecidas, se trate de la familia o la educación formal en sus distintos niveles. Y donde generalmente, el éxito y la felicidad se miden en términos de productividad y eficiencia, con fuerte acento en lo económico. Parece que todo está en función de poder encajar en el engranaje social, dando escaso valor al proceso creativo como un aporte sustancial de la persona a la misma sociedad, relegando, minusvalorando e incluso marginando a quien opte por ser y vivir a su manera.

Sobre este punto señalo un texto que me parece de notable actualidad, en estos días en que el mundo se conmueve por el nefasto conflicto e invasión de Rusia a Ucrania.

 

A menos que los individuos, grupos y naciones puedan imaginar, elaborar y revisar creativamente nuevos modos de relacionarse con estos complejos cambios, la comprensión desaparecerá. Si el hombre no logra adaptarse a su medio de maneras nuevas y originales y con la rapidez que requiere el acelerado avance de la ciencia, nuestra cultura se extinguirá. El precio que pagaremos por nuestra falta de creatividad no serán solo la inadaptación individual y las tensiones grupales, sino también el aniquilamiento internacional. Por consiguiente, pienso que son de fundamental importancia las investigaciones acerca del proceso creativo y de sus condiciones de aparición, desarrollo y facilitación. (Rogers, 2015. Pág. 302).

 

A continuación, describe cómo se desarrolla el proceso creativo como producción original que surge del individuo, pero en el marco de sus relaciones con los materiales, acontecimientos, personas o circunstancias de su vida. (Rogers, 2015. Pág. 302).

En cuanto al móvil de la creatividad, parece ser el mismo que se manifiesta en toda persona como fuerza profunda y curativa, como tendencia a desarrollarse y llegar a ser sus potencialidades.

Al respecto señala:

 

Con esto me refiero al impulso a expandirse, crecer, desarrollarse y madurar que se manifiesta en toda vida orgánica y humana, es decir, la tendencia a expresar y realizar todas las capacidades del organismo o del sí mismo. Esta tendencia puede quedar profundamente enterrada bajo capas y capas de defensas psicológicas sedimentadas o bien ocultarse tras máscaras elaboradas que niegan su existencia; sin embargo, mi experiencia me inclina a creer que existe en todos los individuos y que solo espera las condiciones propicias para liberarse y expresarse. (Rogers, 2015. Pág. 304)

 

Conclusión

Concluyendo esta reflexión, deseo llamar la atención sobre lo dicho en la obra de Rogers titulada El camino del Ser, escrita en la última etapa de su vida. Allí señala cuáles serían las características de la persona del mañana y que seguramente desearíamos que estuviesen ya presentes por doquier. Por mi parte tengo la convicción de que existen esas personas.

Al respecto Rogers afirma: En mi experiencia, estos individuos tienen algunas características en común…, mencionaré brevemente algunas de ellas, en la forma en que las he visto y experimentado. (Rogers, 2014. Pág. 187-188).

A continuación, señalo los puntos sin su desarrollo o explicación:

 

1.- personas que valoran la sinceridad. 2.- que experimentan un profundo deseo de autenticidad. 3.- que son escépticas en cuanto a la ciencia y a la tecnología. 4.- que aspiran a la totalidad con una visión más holística. 5.- con un profundo deseo de intimidad. 6.- que asumen su vida como un proceso. 7.- que valoran las expresiones de cariño. 8.- con una actitud positiva hacia la naturaleza. 9.- que son críticas de las instituciones y con cierta desconfianza a las rigideces, a las estructuras inflexibles y burocráticas. 10.- que poseen autoridad interna. 11.- que otorgan relativa importancia a las cosas materiales. 12.- con un gran anhelo de lo espiritual. (Rogers. 2014. Pág. 187-188).

 

En página siguiente señala:

 

Estas son algunas de las características que veo en la persona del mañana. Soy perfectamente consciente de que son pocas las personas que posean todas estas características, y sé que lo que describo es una pequeña minoría del conjunto de la población. Lo interesante es que las personas dotadas de dichas características se sentirán perfectamente a gusto en un mundo solo consistente de energía en vibración, sin base sólida, un mundo de proceso y cambio en el que la mente, en su sentido más amplio, es al mismo tiempo consciente y creadora de la nueva realidad. Ellos lograrán hacer cambiar el paradigma. (Rogers, 2014. Pág. 189).

 

Recorrer los textos de Rogers es una experiencia altamente gratificante, en cuanto nos permite bucear las profundidades de la persona humana, maravillados de su complejidad y potencialidades, invitándonos a comprometernos desde el lugar que nos toque a impulsar y facilitar el desarrollo y la vida plena de quienes nos acompañan en el caminar. La antropología, desde la perspectiva filosófica, es siempre una búsqueda para comprender nuestra humanidad y construir puentes que nos acerquen a los otros. Rogers ha comprometido toda su vida y labor profesional en esta dirección mostrándonos las enormes posibilidades del ser humano y dejándonos algunas claves para desarrollarla.

 

Referencias

Buber, M. 2004. El camino del hombre. Bs. As.: Altamira.

May, R. 1985. El hombre en busca de sí mismo. Bs. As.: Central.

Rogers, C. 2015. El proceso de convertirse en persona. Bs. As.: Paidós.

-----. 2014. Terapia, personalidad y relaciones interpersonales. Bs. As.: Nueva visión.

-----. 2014. El camino del ser. Barcelona: Kairós.

-----. 2016. Psicoterapia centrada en el cliente. Bs. As.: Paidós.

-----. 1986. Libertad y creatividad en la educación. En la década de los ochenta. Bs. As.: Paidós.

Rogers, C. & Stevens, B. 2012. Persona a persona. Bs. As.: Amorrortu.

 

Curriculum
Especialista en Organizaciones sin fines de lucro.

Licenciado en Filosofía.

Técnico en Orientación del Desarrollo Personal (counselor).

Diplomado en PNL.

Docente en la Universidad Católica de Córdoba

Docente en la Universidad Provincial de Córdoba.

Docente en la tecnicatura de Counseling, sede Córdoba, I.A.S.D.E.

 

Correo de contacto:

ortelladoramonoscar@gmail.com

 

Fecha de presentación: 12/01/2023

 

Fecha de aceptación: 16/02/2023