Revista Latinoamericana de Psicoterapia Existencial. UN ENFOQUE COMPRENSIVO DEL SER.  Año 15 - Nº 29 – Octubre 2024

 

Sección Aportes Originales

 

Dante y la Psicología Existencial

Estudio preliminar

 

Dante and Existential Psychology

Preliminary study

 

Ramiro Gómez S.
Lima, Perú

APPFE / Alpe Perú

 

 


 

“La mayoría de la gente vive su vida

en una tranquila desesperación.”

Henry David Thoreau[1]

 

Resumen

Se plantea un diálogo desde la Comedia de Dante Alighieri con la condición del hombre actual con la intención de desarrollar aportes a la Psicología Existencial. El presente es un estudio preliminar.

 

Palabras Clave

Infierno. Caída. Extravío. Negación de la muerte. Inmortalidad. Tecnología. Sagrado. Viaje. Huida. Suicidio. Psicoterapia. Esperanza. Soledad-ansiedad. Espiritualidad

 

Abstract

A dialogue is proposed from Dante Alighieri's Comedy with the condition of modern man with the intention of developing contributions to Existential Psychology. This is a preliminary study. Spirituality

 

Keywords

Hell. Existential Fall. Loss. Denial of death. Immortality. Technology. Sacred. Journey. Flee. Suicide. Psychotherapy. Hope. Loneliness-anxiety

 

      I.                Medii aevi y hoy posmoderno.

Transcurridos 702 años de la muerte de Dante, ocurrida el 14 de septiembre de 1321, nos preguntamos si podemos dialogar con el autor desde su obra cumbre la Comedia. 

Apartarse del camino en la mitad del camino de la vida, buscarse con la guía de Virgilio atravesando el Infierno y el Purgatorio, llegar al Cielo dantanios: ¿qué dice, este viaje, a nuestro tiempo?

Dialogar con la obra de Dante, como dice Borges, es ver “… esa lámina de ámbito universal”; lámina en la que, la biblioteca infinita de Borges nos invita a ver todo, “Lo que fue, lo que es y lo que será, la historia del pasado y la del futuro, las cosas que he tenido y las que tendré, todo ello nos espera en algún lugar de ese laberinto tranquilo” (Borges, 1981, pág. V).

El viaje de Dante, en la Comedia es ultramundano; espejo de las miserias y las glorias del hombre. Infierno, Purgatorio y Paraíso poseen una geografía, un paisaje que se corresponden con lo que más tememos y más esperamos en nuestras vidas, vida que vamos tejiendo entre ascensos y caídas. El purgatorium ese “intermedio” en el que conscientes de nuestros más profundos defectos, de nuestras faltas y pecados, nos disponemos a cambiar, revisarnos, purificarnos. Una montaña para ascender en la medida de la superación del extravío del camino correcto. ¿Hay en la idea de crecimiento, de superación, de autenticidad, de las terapias humanistas, de las psicoterapias en general, un Purgatorio? ¿No son los bloqueos, los congelamientos, los estancamientos en el pasado, las experiencias negadas, temidas y finalmente somatizadas los pecados que purgar para reencontrarse a sí mismo más limpio, creativo y auténtico?

Dante, a lo largo de los años del trabajo de la Comedia, escribe desde el realismo. Los 9 círculos del Infierno están llenos de personajes históricos que comparten su destino con algunos míticos y bíblicos. Los pecados, faltas cometidas en el mundo, en los tiempos en que vivieron los castigados están descritas. Desnuda está la falta, desnudos los castigos. La maldad de los hombres del Infierno de Dante está acomodada en círculos que van bajando al centro de la Tierra donde Lucifer trifronte devora eternamente a Judas, el traidor, el que vende al inocente. Los círculos del infierno que construimos descienden en la maldad del hombre contra el hombre.

Este realismo dantiano lo subraya Auerbach, “Imitación de la realidad es imitación de la experiencia sensible en la vida terrestre…”  y “… Dante ha llevado al más allá la historicidad terrena y de sus vicisitudes, pero el recuerdo y el interés más profundo por ella los conmueve de tal suerte, que impregna ésta todo el ambiente del más allá” (Auerbach, 2014, pág. 182 y 184). Los crímenes, los arrepentimientos, son profundamente humanos. Brotan desde el corazón de los hombres y ocurren en la historia de los vivos, en el mundo. La comedia como espejo, es sin duda, fuente de reflexión inagotable y es, también, un viaje personal. 

Underhill destaca “En la Divina Comedia tenemos un clásico ejemplo de esa doble visión del mundo interior y el exterior. Pues el viaje de Dante, de ascenso y salida hasta el Cielo Empíreo, es en realidad una alquimia interior, una ordenación y transmutación de su naturaleza, una purga de su visión espiritual, hasta que -trascendiendo toda beatitud derivada- puede mirar por un instante el Ser de Dios.” (Underhill, 2006, pág. 122).   Dalarun ve a Dante como un “poeta y místico, está imbuido de la más elaborada teología y sigue las orientaciones de Bernardo de Claraval. Tomás de Aquino y Buenaventura…” (Dalarun, 1992, pág. 57).

En el decir de Margaret Wertheim es “El viaje que haces no es sólo a través del espacio físico (como en la ciencia ficción), sino también a través del espacio espiritual, tal como es concebido por la teología cristiana de la época” (Wertheim, 2001, pág. 33). Este viaje es a la vez un lugar, como el kilómetro 0 marcado en algunas ciudades, a partir del cual se mide la distancia hacia cualquier lugar, incluso o principalmente, la distancia hacia el centro desde el centro superficial de lo humano; así lo piensa Steiner (Steiner, 2016).

En el s. XIX Artaud de Montor, termina su Introducción a la Comedia con el siguiente testimonio. “La juventud hoy día tiene intenciones sostenidas y poderosas; la juventud considerando como una felicidad conocer y apreciar á Dante, adquirirá mucho más que yo, que no estaba preparado a la lucha, y que sin embargo he podido siempre combatir valientemente, aprovechando una larga serie de días necesarios para tan magnífico torneo, como diría nuestro autor; la juventud que lea á Dante adquirirá confianza , fuerza, dignidad, moralidad y tantos otros tesoros que la fortuna no había parecido conceder hasta hoy sino al gran Alighieri” (de Montor, 1888, pág. XXVIII).

Gatti señala que “Rollo May, gran psicoterapeuta norteamericano, ha visto en la Comedia algo especial. Él dice: ‘El viaje atormentado y ejemplar de Dante perdura como uno de los mejores estudios de caso que posee la profesión psicoterapéutica; es la presentación del mito radiante de los mejores métodos e intenciones de la terapia moderna’. May ha visto en el iter que Dante desarrolla con la compañía de Virgilio un proceso de retorno a la salud”. (Gatti M., 2015).

Mandelsmam (Mandelsman, 2004) entiende que no es posible leer a Dante sin una visión de futuro; los cantos dantianos se dirigen desde 1301 al futuro, a nosotros. Responde Dante a su época, pero también la atraviesa como una flecha dirigida hacia el futuro, el futūrus, este nuestro y el próximo.

Heidegger en Protocolo de un seminario sobre la conferencia “Tiempo y Ser” dice que este - Tiempo y Ser-, “es el intento de una interpretación del ser sobre el horizonte trascendental del tiempo. ¿Qué quiere decir aquí ‘trascendental’? No la objetividad de un objeto de la experiencia en tanto que, constituido en la consciencia, sino el ámbito de proyecto, divisado desde el esclarecimiento del estar-ahí, para la determinación del ser, es decir, del estar presente como tal.” (Heidegger, 2011, pág. 58).

Dante en su viaje se busca y busca; encuentra al hombre en la cuádruple dimensión de su naturaleza, caída, culpa, arrepentimiento y gloria. Lo hace consciente del estar-ahí. Su pretensión lo lleva a visitar la maldad de los que habitan en el infierno y hablar con los condenados, testimoniar su condición. “¿Qué tienes padre que así nos miras?” (Alighieri, Divina Comedia, 2024, pág. 215), es la pregunta que Anselmo (Anselmito) lanza a su padre Ugolino cuando este los mira al oír que “se clava la puerta de la horrible torre”. Dante se convierte en un visitante “que así mira” el tríptico de la existencia humana.

Leopoldo Chiappo, psicólogo y filósofo estudioso de Dante y su obra a quien este trabajo rinde humilde homenaje, cita esta parte del Canto XXXIII para señalar que “el lector encontrará un análisis de Psicología Fundamental sobre la estructura de la relación paterno-filial y también sobre la soledad de sus conciencias encerradas en la opacidad del cuerpo. El estudio termina con una visión global del carácter psico-espiritual del personaje Ugolino, que permita superar el exceso melodramático de la tradicional perspectiva del llamado ‘drama de la paternidad’ (…) Y todo ello sin que quede afectada sino más bien fortalecida mi Tesis que sostengo, la cual se mantiene en las tres perspectivas, la del ‘drama de la paternidad’ de Sanctis, la bíblica de Hollander y la que domino integral.” (Chiappo, 1988, pág. 15).

Es el viaje dantiano un viaje a lo más profundo de la persona. Atravesar los infiernos más temidos o los “instalados” en los secretos pliegues de nuestra interioridad. Nuestra capacidad de trascenderlos desde su reconocimiento, su aceptación, de su aguda o dolorosa exigencia de superación.

La contemplación de lo sagrado. Eliade al referirse al mito ab initio dice “He aquí la razón que hace del mito solidario de la ontología; no habla sino de realidades, de lo que sucedió realmente, de lo que se ha manifestado plenamente. Se trata evidentemente de realidades sagradas, pues lo sagrado es lo real por excelencia.” (Eliade, 1967, pág. 96). Dante como hombre religioso “vive en mundo ‘abierto’ y que, por otra parte, su existencia está ‘abierta al Mundo. Esto equivale a decir que el hombre religioso es accesible a una serie infinita de experiencias que podrían llamarse ‘cósmicas.” (Eliade, 1967, pág. 164).

La literatura representa a la vida en la comedia, el drama y la tragedia, experiencias entre las que va dando tumbos la existencia, en particular la herida. Rollo May recuerda  la “pérdida del sentido de lo trágico” y cita al inicio de su trabajo Man’s search  for Himself, a Kierkegaard “Arriesgarse produce ansiedad, pero no hacerlo significa perderse a uno mismo…” (May, 1976, pág. s/n) y recuerda a Arthur Miller, cuando relaciona el sentido trágico con el dar la vida por lo que otorga sentido a la dignidad personal y, “la opción trágica (como) condición de la vida en la que la personalidad humana es capaz de florecer y realizarse a sí misma” (May, 1976, pág. 60). Dante nos enfrenta al riesgo. Vivir como tomar partido por la vida abierta a la convivencia, la búsqueda honesta de la verdad, la honestidad y la veracidad, contrarias a la “cerrazón” de la que habla Chiappo.

La Comedia abarca y expresa la crisis de Dante que inicia, como dijimos, con su extravío “A la mitad el camino de nuestra vida me encontré en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto” (Alighieri, Divina Comedia, 2024, pág. 7). Esto le causa gran dolor, tanto que dice que la muerte no es tanto. Hay de inicio un constatar, afirmar, dirían desde la terapia gestáltica “un darse cuenta”, entendido como el proceso de “estar atentamente en contacto con los eventos más importantes del campo ambiente/individuo, con su total apoyo sensorio-motor, emocional, cognitivo y energético” (Yontef, 2002, pág. 134),  que se ha apartado del camino recto, que se está a la mitad de la vida, que urge cuestionarse, volver a la senda perdida. Si entró “adormecido”, “llenado de miedo el corazón”, pero ve “su cima revestida ya de los rayos del planeta que nos guía con seguridad por todos los senderos” (Alighieri, Divina Comedia, 2024, pág. 8). Anuncia así, el horizonte del final de su viaje: la Luz que guía con seguridad por todos los senderos.

Estos extremos señalan la caída, la pérdida de la verticalidad, pérdida del horizonte, queda el rastrerismo, serpentear y sumergirse hacia los fondos. Dante ubica el centro del Infierno en el centro de la tierra; Cocito, congelado eternamente por el batir de las alas de Lucifer. El otro extremo es trascender, caminar ascendiendo, elevándose a través de la montaña del Purgatorio. J. B. Russell en El Diablo en la Edad Media, describe como “La fuerza de Satanás actúa como la gravedad terrestre y atrae a hombres y mujeres al infierno con la fuerza de atracción de su hechizo. Esta gravedad es exactamente lo contrario de la fuerza ejercida por Dios que atrae la cosa hacia sí hasta hacerla liviana, bondad espiritual.” (Russell, Il diavolo nel Medioevo, 1987, pág. 170). El mismo autor en El Príncipe de las Tinieblas señala “Dante no intentó escribir un tratado científico sobre el universo físico (…) el significado más profundo del cosmos era ético, no físico” (Russell, 1996, pág. 183). El Lucifer dantiano ubicado en el centro de una geografía moral referida a la tierra; Dios en el centro de un cosmos místico. Una metanoia.

Virgilio, “como psicoterapeuta”, en el Canto XXVII del Purgatorio, se despide de Dante, después de atravesar el Infierno, Virgilio le dice: “Has visto el fuego temporal y el eterno, hijo mío, y has llegado a un sitio donde no puedo ver nada más por mí mismo. Con ingenio y con arte te he conducido hasta aquí: en adelante, sírvate de guía tu voluntad. Fuera estás ya de los caminos escarpados y de las estrechuras. Mira el Sol, que brilla en tu frente; mira la hierba, las flores, los arbustos que se producen solamente en esta tierra. Mientras no vengan radiantes de alegría los hermosos ojos que, entre lágrimas, me hicieron acudir en tu socorro, puedes sentarte entre estas flores. No esperes ya mis palabras ni mis consejos; tu albedrío es ya libre, recto y sano y sería una falta no obrar según lo que él te dicte. Así, pues, te dejo ya señor de ti mismo.” (Alighieri, Divina Comedia, 2024, págs. 407-408).

Dante ha recuperado la libertad, su albedrío, para elegir habitar en un mundo rodeado de belleza; le advierte, Virgilio, que sería una falta no ser según lo “recto y sano”. Como en la psicoterapia, el fin ideal, está marcado por la recuperación de la libertad, la responsabilidad y el compromiso con lo bueno, lo bello, en sentido amplio, el bien, es decir, con los trascendentales del ser. Que el psicoterapeuta deje al paciente “ya señor de ti mismo”.

Martínez-Falero señala que la obra de Dante sen encuentra en los dos grandes tipos de texto alegórico, cita a “Paul Zumthor (1978: 78-94): la alegoría propiamente dicha y el alegorismo. La primera es un modo de lectura donde es necesario deducir un sentido en segundo plano (el sentido verdadero del texto) que aparece oculto bajo el sentido literal, a través de una forma basada en la imagen creada por analogía. Sin embargo, el alegorismo seguiría la trayectoria inversa: parte de una verdad (moral, filosófica…) desarrollada mediante metáforas, e introduce en el texto elementos simbólicos a través de nombres propios, de personificaciones de cualidades morales (la Verdad, la Fe, la Esperanza, el Amor…), o incluso de las artes clásicas, como hallamos en el tratado medieval francés Les douze dames de Rhétorique (1463).” (Martínez-Falero, 2009, pág. 253). En la alegoría y el alegorismo dantiano la muerte ocupa un lugar principal. Son muertos quienes están en el Infierno, muertos los del Purgatorio y el Paraíso y, el personaje central, Beatriz, murió 10 años antes que el autor iniciara su viaje, según lo dice él mismo: una sed de 10 años, por verla.  Martínez-Falero, recuerda luego, un poema de Jacopo Alighieri, hijo de Dante, “este ‘Capitolo della Morte’ abre el Canto VII del Infierno”. “Soy la muerte, gran princesa. / Que el orgullo humano humilla: / Por todo el mundo mi nombre se difunde. / La tierra entera tiembla en mi ser: / Reyes y grandes maestros de madrugada / Por mi mirada me caigo de su trono. / La fuerza juvenil no habita allí, / Que no vaya inmediatamente al entierro. / Entre tantos gusanos, que así lo devoran [...] / [...] Y que tu alma sea siempre condenada: / Por un poco de dulzura temporal / Pierde su gloria y su vida bendita. / Pero lo que siempre surge es la virtud, / Desprecia el mundo y huye de su veneno, / Buscando a Dios, dejad las malas obras, / Estarás en el cielo perpetuo y despejado. (vv. 1-9 y 118-124).”  (Martínez-Falero, 2009, pág. 258).[2]

El viaje en la vida nos enfrentará, irremediablemente con la muerte que, como ella misma dice en el poema “Buscando a Dios, dejad las malas obras, Estarás en el cielo perpetuo y despejado”. La eternidad existe o en el reino del “Pape Satán, Pape Satán, Aleppe” que “grita Plutón con ronca voz” (Alighieri, Divina Comedia, 2024, pág. 48)… o el cielo en el que parece que “ un nuevo día se unía al día, como si Aquel que todo lo puede hubiese adornado el cielo con otro Sol” (Alighieri, Divina Comedia, 2024, pág. 456). No hay noche, no hay nocturnidad, es un reino de luz. Nos preguntarnos con Gabriel Marcel, si la muerte tiene como metáfora el sueño, vamos Camino ¿Hacia qué despertar? (Marcel, 2012).

1960, Harry “Conejo” Angstrom, viene al mundo como personaje principal de la novela de John Updike Corre, Conejo.

Un hombre común, vendedor sin brillo, siente la imperiosa necesidad de huir. Cuando llega al departamento que comparte con su mujer Janice, embarazada y su pequeño hijo. Janice, “Ella es una mujer pequeña estatura, con una piel tirando a verde oliva, y da la sensación de estar tirante, como si hubiera algo en su interior que presionase contra su pequeñez” (Updike, 1984, pág. 11), Conejo siente asco cuando le llega el olor al licor que ella ha bebido; luego cólera por la absurda compra de un traje de baño en pleno invierno, por haber dejado el coche en casa de la suegra y al niño en casa de su madre. También una ternura sofocada. Ella le dice: “– No huyas de mí, Harry. Te quiero.” (Updike, 1984, pág. 16). Decide huir, dejar a su mujer, al niño, al niño en camino. Va por el auto, lo monta y empieza su huida ¿a dónde?

“- ¿Y si sigo adelante? / - Entonces llegará a Churchtown. / - ¿Y luego que viene? / - New Holland, Lancaster. / - ¿Tiene mapas? / - ¿A dónde quiere ir, hijo? / ¿Eh? No lo sé con exactitud.  ¿Hacia dónde va?” (Updike, 1984, pág. 34).

¿Cuán lejos se puede huir de uno mismo?  ¿Hay un mapa para huir de sí mismo? ¿Qué libertad es la que ejerzo cuando huyo de mí?, ¿Cuándo se huye de uno mismo no se huye de la propia libertad? La huida de uno mismo siempre termina en llegar a uno mismo; no existe autopista que nos aleje de nosotros mismo que a su vez no nos regrese. Cuando en la huida solo se encuentran senderos circulares, inmensas rotondas existenciales; se inventan falsos atajos como el alcohol, las drogas, el vagabundeo, o la locura. Sí, es atajo de salida el suicidio; perdida la experiencia del tiempo, muerta la temporalidad que fluye, el tiempo se convierte en un verdugo implacable. La vida deja de ser el problema a entender; la vida se reduce a ser vivida o no. No hay nada que afirmar, todo se ha agotado, todo se revela en lo absurdo. Como si en la historia personal de pronto se corre una cortina que nos muestra un mundo sin sentido, sin valor y sin interés; aparece la realidad con una máscara que hace una mueca insoportable. El agotamiento del mundo revela una vida que no tiene sentido ninguno.

Camus (2007) pone el suicidio como salida después que la búsqueda de sentido, que lleva a experimentar el absurdo, se enfrenta violentamente con la ausencia de respuestas desde la realidad, desde la vida de los hombres. Sísifo carga su piedra sin llegar nunca a la cumbre, cuanto está próximo la piedra rueda hacia abajo. Repetir el esfuerzo es repetir el fracaso. ¿No hay un dios que le responda, que le dé un lenitivo al dolor, no tanto del esfuerzo físico sino de la constatación de lo absurdo del esfuerzo de su vida? ¿Alguna escuela de pensamiento puede explicarle el porqué de la absurdidad de su existencia? No hay nadie. Esa es la fuente del suicidio; la muerte de Dios, el silencio de la cultura ante la vida como drama y tragedia, como alegría y disfrute, como goce y contemplación. Como bella, buena, en la que habita la verdad; los trascendentales del ser.

Edward J. Ordoñez señala como Camus “ (…) expresa su sensibilidad frente a la tragedia y el sufrimiento humano. Su pensamiento manifiesta su desagrado contra toda injusticia, el aprecio por el hombre y la nobleza de su corazón: ‘Debemos servir al mismo tiempo –afirmó en una ocasión– el dolor y la belleza’. Fiel a las causas de la justicia, la dignidad y el respeto, se opuso totalmente a la pena de muerte. La muerte como castigo del delito resulta inadmisible. La muerte es el fin y la imposibilidad de encontrar la grandeza en el corazón del hombre.” (Ordoñez, 2010, pág. 187).

Giotto vivió en la Baja Edad Media, se dice que su pintura propone elementos que darán inicio al Renacimiento. Pinta los 7 vicios, entre ellos la desesperación, representada por una mujer ahorcada, de un realismo impactante. Su figura con los brazos tensos y abiertos a los lados, la pierna discretamente flexionada y un rostro con la boca entreabierta de la muerte, invita a reflexionar, con gran dramatismo, esta forma de poner fin a la existencia, que el pintor llama desesperación, es decir cuando ya no se espera, cuando nada ha de ocurrir que interese. En el siglo XVI inglés, Ron M. Brown, encuentra a la desesperación sumada a la melancolía como “rasgos constantes de la representación del suicidio…” (Brown, 2002, pág. 110). Desesperación, des-esperar, perder la esperanza es perder cualquier realización de un deseo, cualquier logro de un hacer: muerte del futuro.

El viaje, a diferencia de la huida, es un camino que se hace en búsqueda de respuestas, de experiencias, de personas que afirmen la vida, la corrijan, si es necesario, y la enriquezcan; el viaje es un aprendizaje vital.  Ese es el propósito del viaje, la búsqueda de la riqueza de la vida y sus misterios, sus paisajes. El viaje se inicia con una pregunta, la huida con una negación.

Desde la tragedia Unamuno, “Próximo a cumplir cuarenta años” (Villar Ezcurra, 2011, pág. 10) escribe Mi Confesión. Cuarenta años a los que se refiere en su soneto X: “Cuarenta años son ya en esta noria / uncido al yugo de roblizo leño / para desarrugar Señor, tu ceño / voy regando de España la memoria.” (Unamuno, 1925, pág. 29).

Mi Confesión la inicia con una declaración “Los ensayos que van a seguir se los dedico a la juventud espiritual española e hispano americana, a la que para entendernos llamaré hispana, a los jóvenes de lengua española siempre que sean de veras jóvenes[3]; temo dejar de serlo y antes que esta desgracia me sobrevenga, quiero hacer un alto en mi carrera, recoger y entrojar…” (Unamuno, Mi Confesión, 2011, pág. 13). 

Dante se encuentra en una selva oscura, Unamuno anticipa la desgracia de la vejez; ambos en la “mitad de sus vidas”[4]. La búsqueda dantiana aspira lo universal desde su búsqueda personal; la búsqueda unamuniana aspira preguntar, responder, cuestionar al otro, sobre todo al otro que muere. Aunque ambos se abren a Dios, ante Él, Dante pierde el vigor de su creación, frente al Amor que todo lo mueve, “Amor que mueve al Sol y las demás estrellas” (Alighieri, Divina Comedia, 2024, pág. 666). Dios no puede ser descrito, no hay lenguaje que lo abarque y lo narre en poema. Unamuno tuvo una relación con Dios desde la angustia, desde la pregunta insistente, desde el ansia de eternidad sentida a partir de la presencia ineluctable de la muerte. La Divina Comedia, es comedia porque Dante llega al cielo, porque en su viaje logra encontrarse con Beatriz, porque el viaje se resuelve en el bien, se atraviesa la maldad humana y se llega a la contemplación mística que es alegría y gozo…  Unamuno siente el dolor anticipado de la muerte como el incomprensible, la tragedia, que reclama a Dios. Hace que su personaje Augusto Pérez viaje a Salamanca a reclamarle a su autor (su dios) los padecimientos que pasa y le declara que él y Unamuno, los que leemos, los que lean su declaración en el futuro, todos, moriremos.

“- ¡Víctima, sí! ¡Crearme para morir ¡¡Usted también se morirá! El que crea se crea y el que se crea se muere. ¡Morirá usted don Miguel; morirá usted y morirán todos los que me piensen! ¡a morir, pues!” regresa a casa y le dice a Liduvina su ama de llaves “Que no existo, Liduvina, que no existo; que soy un ente de ficción, como un personaje de novela…” finalmente le enviará una esquela a su autor: “Salamanca / Unamuno. / Se salió con la suya. He muerto. / Augusto Pérez” (Unamuno, Niebla, 1985, págs. 140, 141, 143). Es, en este reclamo y su final, que Unamuno pregunta directamente a Dios. ¿Por qué nos creaste para morir, si lo que queremos es vivir? ¡vivir!

Para la fe de Dante, después de la muerte el Empíreo lo espera como hombre bueno; para Unamuno, hombre bueno también, es una niebla, como se llama la nivola[5] en la que vive Augusto Pérez. Una niebla densa, espesa, que nubla lo que está al otro extremo del camino. La ansiedad frente a la muerte con ese carácter de inexplicable, inevitable, envolvente de la vida misma, como se desprende de Kierkegaard en Discursos edificantes. Tres discursos para ocasiones supuestas. (Kierkegaard, 2010).

Deja, en Niebla, preguntas. No las pone en personaje humano. En Oración Fúnebre por modo de epílogo, Unamuno, resta importancia a lo que sintieron por la muerte de Augusto todos los personajes que lo rodearon. Es Orfeo, el perro de Augusto, en el que centra su interés. 

Dice, “Y acurrucado a los pies de su amo muerto, pensó así: ¡Pobre amo mío! ¡Se ha muerto; se me ha muerto! ¡Se muere todo, todo, todo; todo se me muere! Y es peor que se me muera todo a que me muera para todo yo. ¡Pobre amo mío!, ¡pobre amo mío! Esto que yace aquí, blanco, frío, con olor a próxima podredumbre, a carne de ser comida, esto ya no es mi amo. No, no lo es. ¿Dónde se fue mi amo?, ¿dónde el que me acariciaba, el que me hablaba? [6]

¡Qué extraña criatura es el hombre! Nunca está en lo que tiene delante…” (Unamuno, Niebla, 1985, pág. 149).

El reclamo de Unamuno se hace desde lo agónico, la lucha, el combate por entender el porqué de la muerte desde el anhelo de vivir, y ahí radica la búsqueda, y también la afirmación, del sentido de la vida. La tragedia en Unamuno está tejida en la constatación que morimos y a partir de ello la necesidad de inmortalidad a la que nada, desde la vida nos permite llegar. Sin embargo, Orfeo se pregunta ¿Dónde se fue mi amo?, ¿dónde el que me acariciaba, el que me hablaba?; ¿dónde…?

Este cartujo laico, como se definió; el Job de la contradicción (Zambrano, 2003), ¿es posible no contradecirse cuando hay una búsqueda honesta?, vivió intensamente la búsqueda de Dios; oscilaba entre Él y el creado por el hombre. La libertad, la caída, el falso amor, el reclamo y la muerte tan dramáticamente descritos en Niebla. Su obra es un y buscar buscarse. Buscar al hombre “de carne y hueso”, concreto, existiendo y, sobre todo muriendo, o lo que es lo mismo, viviendo.

Cuando queremos decir que vivimos intensamente decimos que en ese empeño se nos va la vida, morimos un poco; vivir intensamente es también morir. Desde el “vivo sin vivir en mí / y de tal manera espero / que muero porque no muero.” (Teresa de Jesús, 1942, pág. 641) al “muero por ti…” de cualquier enamorado -el pronombre personal ti lo podemos cambiar por “familia”, “patria”, ideales” …-. Las experiencias intensas y profundas desviven y eso porque, justamente, se pone la vida en ello.

Hay drama en los hombres contemporáneos que, dislocados del amor, huyen permanentemente a través de la bulla, el consumo, el maquillaje y la virtualidad. Hay tragedia ante lo insondable, ante la vida misma. Se contesta las preguntas críticas sobre la existencia desde la trivialidad y la distorsión de la experiencia, la torcedura del tiempo atrapado en el instante, del cuerpo cosificado convertido en pesada carga para el existir, disfrazado y manipulado en su realidad primera. Formas de la existencia en nuestro tiempo habitadas por dioses y a la vez creadoras de pequeños dioses de inmensos poderes (Gómez S., Dioses posmodernos, 2019).

Puede decirse que, en todos los tiempos, de una manera u otra manera, hay quienes se quejaron de la “bulla” de su tiempo, de los excesos en la vida social, sin duda. Sin embargo, ahora hay una condición distinta: la tecnología actual.

La posibilidad que ocurra lo que Kurzweil llama La Singularidad, ese momento violento en que los humanos “trascendamos la biología” (Kurzweil, 2015). La “liberación” de las “cadenas biológicas”, la aparición de la inmortalidad y de una inteligencia inimaginable no humana, la Inteligencia Artificial (IA). Kurzweil lo pronostica e imagina, de ocurrir digo, iría dejando en la medida de su desarrollo a lo que llamamos existencia en el capítulo de una historia reciente pero “totalmente superada”.  

Kurzweil cree que en 2050 la prolongación de la vida será totalmente posible y que el desarrollo de la nanotecnología cobrará avances tan sorprendentes que a partir de “ese” momento rozar la eternidad o inmortalidad física será cuestión de unos pocos años. Hay quienes reafirman la posibilidad de la inmortalidad física e inician el afronte ético a tal condición; tan seguros y optimistas están que pronostican que para 2045 la muerte será voluntaria (Cordeiro & Wood, 2019). De ocurrir este vaticinio que raya en la ciencia ficción, muchos piensan que no será posible, ni Dante ni Unamuno servirán para reflexión ninguna, salvo saber cómo fuimos antes; como preocupación y curiosidad histórica.

Mientras continuemos desde nuestras vidas. La inmortalidad a la que llega Dante y la que reclama Unamuno no es, como no es la deseada por los hombres a lo largo de la historia, aquella que se produzca por la pérdida de gran parte de lo verdaderamente humano.

Drama y tragedia, formas del existir, toman en la Edad Media y en nuestra época expresiones distintas. Es el drama y lo trágico a lo que se refieren Chiappo y May que hoy casi desaparecen de la reflexión sobre la existencia y quedan relegados a los extremos de las vidas marginales o los estilos literarios o las grandes crisis sociales. La soledad en las grandes ciudades, la incomunicación en la era de la comunicación en tiempo real, el tiempo que falta para cumplir las tareas de la feroz competencia laboral y a la vez sobra para el compromiso y la palabra, convertido en aburrimiento.

Mundo de hoy en el que conviven el poder y el dolor: hay que empoderarse, hacerse visible, ser escuchado, que la voz atraviese fronteras, o simplemente que devele la verdad, “que se conozca”. Pero, como dijo Henry David Thoreau “La mayoría de la gente vive su vida en una tranquila desesperación.” (Thoreau, 1989, pág. 25).

Esta pérdida o ruptura del mundo es acompañada de un olvido de la espiritualidad. Hay una pérdida de la dimensión de la temporalidad que lleva a la negación de la caída, de la conciencia de nuestra vulnerabilidad, nuestra fragilidad como nuestras fortalezas y voluntad de existir. Vivir es una búsqueda de gozo frágil y breve y por eso mismo buscado persistentemente. Este gozo debe lograrse con el menor esfuerzo, con el menor compromiso, con la menor disposición de futuro. Para muchos jóvenes será difícil concebir un personaje como Dante buscando a Beatriz a través del inframundo o Unamuno y su afirmación de la vida desde la tragedia de la ineluctabilidad de la muerte. Uno y otro podrían ser vistos como perdidos en sus laberintos, cuando si se trata de vivir, ¡hay que gozar la vida! En un gozo con pretensión de olvido de los inevitables momentos de dolor, o de entrega o de compromiso, de esfuerzo… como la sociedad líquida de Bauman

Chiappo habla de infiernización de la vida (la cerrazón), dice “La cerrazón se caracteriza por el empobrecimiento del ámbito de la experiencia, el estrechamiento del horizonte, el enclaustramiento de la vida, la actitud radicalmente defensiva, la incomunicación, la dependencia emocional en la protección limitativa, el agotamiento de la potencialidad de vivir y comunicarse y de arriesgarse y entregarse en juego aventurado y exploratorio del mundo.” (Chiappo, Dante y la psicología del Infierno, 1983, pág. 25).

En su estudio sobre Gabriel Marcel, Julia Urabayen destaca el humanismo trágico del filósofo, “una visión del ser humano como un ser digno que puede destruirse a sí mismo. Esta capacidad de envilecimiento es tal que ha llevado a los seres humanos a vivir en un mundo roto” (Urabayen Pérez, 2010).

Dante en el Canto III La Puerta del Infierno, encuentra escrito “Por mí se va a la ciudad del llanto, por mí se va al eterno dolor, por mí se va hacia la raza condenada (…) ¡Oh, vosotros, los que entráis, abandonad toda esperanza!” (Alighieri, Divina Comedia, 2024, pág. 20).  Abandonar la esperanza es caer en la desesperación.

En este contexto surgen los nuevos narcisos. No el Narciso que según Lavelle “busca en sí mismo el secreto del mundo y es por eso por lo que está decepcionado de verse. Este divino secreto le es más íntimo que él mismo: es la intimidad del Ser puro.” (Lavelle, 2007, pág. 21). El nuevo Narciso no busca en la imagen especular nada que esté más profundo que la delgada superficie que provoca su propio reflejo. Se desliza sobre superficies sin intuir honduras. Navega en la superficie del nuevo océano de la Internet ignorante de sus fondos, incapaz de sumergirse y, así como en la virtualidad, es en su vida personal. En sus deseos no hay “tú”; el mundo está organizado para alimentar un yo voraz, insaciable. ¿Qué les puede decir Dante, qué la Comedia? No es la moral del héroe la que cambia, dice Trojanow, “(…) sino la moral del espectador” (Trajanow, 2018, pág. 108).

Un Infierno de hoy. Mate recuerda a Levi que cuenta que apenas ingresado en un Campo de Concentración se les decía “aquí no preguntas’, ‘no se admiten preguntas, así que nadie busque una explicación de por qué se le ha sacado de sus casas, se le ha traído en vagones de ganado, se ha separado a padres de hijos…” (Mate, 2013, pág. 208). En la puerta de este Infierno, aquí en el mundo roto, no hay respuestas.

La pregunta surge de la necesidad de comprender, saber, entender el porqué del mundo, de mí mismo en ese (este) mundo. Explorar la realidad. No preguntar empuja al hombre a no preguntar-se, convertirse en un animal que reacciona a su realidad sin cuestionamientos, sin ensimismamientos. Fluir sobre una superficie impenetrable. Que la persona, negada como tal, se deslice sobre una realidad de la que, como todo infierno, no deje ver salidas.

Levi cuenta del intento de destruir el mismo recuerdo, la memoria, la historia. Cita Levi a Simon Wiesenthal que en las últimas páginas de Gli assassini sono fra noi (1970) recuerda como los soldados de las SS les decían que nadie creerá el infierno de los Campos de Concentración porque ningún judío sobrevivirá para contarlo. La angustia que produce esta amenaza en los prisioneros “aflora en forma de sueño nocturno (…) Casi todos los liberados (…) recuerdan un sueño recurrente (…) haber vuelto a casa, estar contando con apasionamiento y alivio los sufrimientos pasados a una persona querida, y no ser creídos, ni siquiera escuchados.” (Levi, 2015, pág. 476).

En el Infierno de Dante están confinados los miserables, los criminales, los traidores y lujuriosos; Virgilio responde a la pregunta de Dante “qué gente es esa (…) Me respondió esta miserable suerte está reservada a las tristes almas de aquellos que vivieron sin merecer alabanza ni vituperio; están confundidas entre el perverso coro de los ángeles que no fueron rebeldes ni fieles a Dios, sino que vivieron para sí”. (Alighieri, Divina Comedia, 2024, págs. 21-22). Quienes callan la expansión de la maldad.

Detrás de la orden “no preguntar” están los inocentes. En los campos de concentración existió un estado, en los prisioneros, que llamaban “musulmán”. “El estado de ‘musulmán’ se caracterizaba por la intensidad con que los músculos se derretían; no había literalmente más que piel y el hueso. Se apreciaba claramente todo el esqueleto y, en particular, las vértebras, las costillas y la cintura pelviana” (Poliakov, 1965, pág. 67). La pregunta ansiosa, desde el dolor y la frágil esperanza, casi la fabricación de una mentira a la que aferrarse de algunos prisioneros “…se desnudaban, se volvían, mostraban sus nalgas y preguntaban al médico: ‘¿no es verdad doctor que todavía no soy un musulmán?”  (Poliakov, 1965, pág. 67). Víctimas inocentes en el Infierno construido no “más allá”, cuya verdad no debe ser ni creída ni escuchada. Víctimas de esa capacidad de envilecimiento, del olvido de nosotros mismos que nos convierte en nuestras más crueles fieras. Nuestro drama, nuestra tragedia. Nuestro crimen.

 “Los niños nacían, generalmente, bastante hermosos, pero tomaban rápidamente el aspecto de viejos. Todos morirían antes de los tres meses, de hambre, de diarrea, de neumonía, etc.” (Amigos de Ravensbrück, 1966, pág. 213); no solo deben perder la memoria, también tienen que no existir matando a sus hijos, acabando con la natalidad. Atacar la natalidad humana es atacar el corazón mismo de la refundación de nuestra vida.

Se suele decir sobre la oscuridad de la Edad Media, de su tenebrosidad. ¿Fue oscura, tenebrosa tanto, más o menos que la nuestra? Dante encontró el Infierno en el inframundo, nosotros hemos sido capaces de construirlo aquí, en la superficie. Mezclados los llantos, los rostros famélicos; el amontonamiento de zapatos de quienes ya no caminarían más por su ciudad, de ropas sucias y adornos de partes de humanos se mezclaban con cenas opíparas, de comensales ricamente vestidos, de música culta y maneras sofisticadas de adulación y desprecio. No fueron el Inferno y el “cielo”, fueron paisajes distintos de un mismo lugar: el Infierno que fuimos capaces de construir.

En este Infierno, Dante no dejaría de preguntar a Virgilio ¿qué hicieron para recibir ese castigo? Virgilio callaría esperando que los hombres de hoy demos la respuesta

Numerosos estudiosos han señalado los paralelismos entre estas épocas de la historia, las medievales y la nuestra. Atribuyen a la primera su supuesto oscurantismo a la creencia en demonios, elfos, ogros, brujas, magos y hombres transformados en animales, e injustamente les atribuyen un rechazo a la ciencia o un gusto por ignorarla. Sin embargo, hoy, es decir en estos años, asistimos al espectáculo de la negación de la genética, la fisiología… la biología en su conjunto por grandes masas de ciudadanos, incluyendo a políticos y filósofos.

Tom Peters [7], de 33 años, nacido humano[8] pide ser reconocido y tratado como perro, se llama Spot y es cachorro, se considera de raza dálmata; ladra, camina de cuatro patas, come croquetas y duerme en una casa para perros… su exesposa dice sentirse, ahora que “es” perro, más cercana él, lo entiende más (Vanguardia, 2023). Está demás decir que Tom Peters o Spot es uno entre un número cada vez mayor de personas que “son” animales diversos, seres no animales, como árboles y seres mitológicos. Carol Santa Fe de 45 años de California USA, viaja todos los días 45 minutos para ir a la Estación de San Diego de trenes. Se enamoró precozmente de la estación, un amor a primera vista a los 9 años; aunque no puede casarse con la estación, para ella está casada y por eso cambió su apellido por el de su “esposa” Santa Fe. La estación es la princesa del corazón de Carol (Raya, 2017), además es una “relación lésbica”, para Carol la estación es mujer. Hay más enamoradas, enamorados, esposos y esposas de objetos, incluso virtuales: “La artista catalana Alicia Framis se casará en verano con su pareja virtual con la que ‘vive’[9] hace meses (…) todo parte de proyecto artístico The Hybrid Couple impulsado por Alicia Framis, con el que busca reflexionar sobre el futuro de las relaciones emocionales y demostrar que es posible, y en algunos casos positivo, convivir con un holograma.” (Meenorca, 2023). Para la fecha del The Hybrid Couple ya hay un viudo de una relación virtual. “Akihiko Kondo ha perdido a su esposa cibernética. Tras contraer matrimonio en 2018 con el holograma Hatsune Miku, una diva del pop japonés; la empresa que le permitía interactuar con el holograma del popular personaje canceló el servicio argumentando que el modelo de producción limitada había llegado a su fin.” (Peláez, 2022). A mediados de los años sesenta del siglo pasado R. D. Laing dijo “La doble acción de autodestruirnos con una mano, mientras con la otra lo llamamos amor, es un juego de prestidigitación del que uno puede maravillarse. Parece que los seres humanos tienen una capacidad casi ilimitada para engañarse a sí mismos, engañarse llegando a tomar por verdad sus propias mentiras.” (Laing, 1977, pág. 65).

El filósofo posmarxista Jean Braudillar  (Braudillard, 2008) ha llamado la atención sobre la pérdida del territorio, la realidad; la imposición del mapa, la precesión de los simulacros. Podemos decir, siguiendo a Baudrillard, la “disneysificación” de la vida, o la sustitución de la realidad por la fantasía entendida como realidad.

Si bien Sartre “ha tenido el mérito de integrar lo figurativo en la imagen” y darle cierta autonomía  “la que se nota en el ‘Érase una vez’ de los cuentos …” (Chateau, 1976, pág. 259), esta realidad de la imagen fantástica queda plenamente diferenciada en “su realidad” de la realidad, de otro modo el mundo se disolvería en una mezcla imposible de determinar, es lo que ocurre con los humanos trans-especie o lo enamorados novios o esposas o esposos de cosas; hiperrealidad que oculta la realidad. El ejercicio de la sobre interpretación.

En la Edad Media el mudo feérico, por ejemplo, era la realidad, no había confusión, estaban perfectamente engarzados en los hechos cotidianos y servían para dar significado y sentido. En esta, la de nuestros tiempos de “disneysificación”, sabedores de la irrealidad la forzamos a realidad de manera cínica. No es la maravilla que nos asombra, no, es la pesada exigencia de la imposición de irrealidades que como todas están dislocadas de lo que, por ejemplo, la constitución biológica señala. Ahí su cinismo.

En la trilogía erudita de Claude Lecoteaux, Enanos y elfos en la Edad Media (Lecouteux, Enanos y elfos en la Edad Media, 1988), Fantasmas y aparecidos en la Edad Media (Lecouteux, 1999) y Hadas, brujas y hombres lobos en la Edad Media (Lecouteaux, 2005), a través de los cuales describe desde las fuentes escritas esta integración sólida entre la fantasía y la realidad, afirmándose recíprocamente; concluyen en su teoría del Doble. El temor a la muerte y la separación del alma del cuerpo, o la sombra de su dueño, la reintegración posterior a viajes y experiencia en las dimensiones veladas del más allá dan un sentido a la vida y sus fenómenos, a la naturaleza, a la realidad toda. Todo estaba vinculado, unido a través de lazos visibles y experiencias maravillosas. Tiempo y espacio son en la Edad Media distintos de como lo experimentamos hoy. Los viajes medievales eran verdaderas aventuras (Labarge, 2000) de descubrimiento, riesgo y aventura, aunque el destino no estuviera más lejano que los, para nosotros hoy, pocos kilómetros entre dos ciudades de nuestros países.

Está también el viaje lleno de misterios y desafíos, la eterna atracción de lo extraño y exótico.; el necesario viaje que acompaña al hombre desde siempre, desde las primeras migraciones, la de los héroes homéricos, el viaje de retorno a Ítaca de Odiseo. El viaje de todos, como queda expresado en el bello poema de Konstantino Kavafis.

Héroes como Siegfried, El Cid, Roldán, San Jorge, Ricardo Corazón de León, Sir William Marshal, Giovanni di Pietro Bernardone (San Francisco de Asís), Juana de Arco… también oscuros como Gilles de Rais, Erzsébet Báthory de Ecsed, y los innumerables criminales que hacían peligrosa la noche medieval llenan las historias que se trasmiten oralmente o por escrito, provocando la admiración por la virtud del héroe, por su afán sin desmayo de búsqueda de la verdad o el rechazo y el miedo por el criminal.

La literatura contemporánea ha recreado, o lo ha intentado, a los héroes medievales. Superman, Kal-El, enviado al planeta Tierra en una nave, cual canasto cubierto de brea lanzado a las aguas, sufre, a lo humano, angustias propias de su vulnerabilidad; sus padres (adoptivos) terrestres ya ancianos quedan solos en Smallville; morirán sin la presencia de Clark. Ceberio describe un sueño de este superhéroe, “Sueña y no logra dormir relajadamente, pues las escasas noches en que podría descansar es asaltado por la sombra de Luthor, apuntándole con un cristal de kryptonita verde. En ese sueño Clark se siente debilitado y ve entre tinieblas como su mujer se va sonriente y abrazada del villano.” (Ceberio, También los superhéroes van a terapia, 2013, pág. 45).

James South, destaca el papel del personaje Bárbara Gordon, en el universo de Batman en Gotham City. Este personaje queda gravemente herido por Joker. Postrada en silla de ruedas terminará convirtiéndose en Oracle (Oráculo). “La historia de Bárbara Gordon ilustra temas clave en una importante teoría filosófica conocida como ‘perfeccionismo moral’ (…) La palabra ‘perfeccionismo’ sugiere que lo ‘moral’ se interpreta aquí de un modo ciertamente riguroso, que designa la característica de ‘búsqueda’ que ocupará un lugar muy destacado…” (South, 2010, pág. 147).

James Bond es un héroe nacido y desarrollado en los años posteriores a la II Guerra Mundial, en 1953 por Ian Fleming. Es un espía “inmortal”, asistido por una tecnología construida para él y sus misiones. Héroe posmoderno glamoroso, tiene como mejor arma su capacidad de seducir. “Pero la psicóloga, con mucha altura, escuchó, redefinió y no se inmutó. Incorruptible en las lides amorosas, se limitó a sonreír y le dijo: Cada cosa en su lugar… James, ¿qué lo trae por aquí, además de intentar seducirme como debe ser su costumbre”. (Ceberio, También los superhéroes van a terapia, 2013, pág. 126).

Galehot, Arturo, el mismo Lanzarote le dirían a Bond “Moult est qui aime obéisant” (Lafitte-Houssat, 1963, pág. 92), ¿Mucho es quien ama obediente? se preguntaría Bond. ¡No! el juego es dominar y ganar. El sexo, la pasión y el glamur son un estilo y un método, una técnica, se contestaría; no hay más valor que obtener lo que se desea, el resto es una puesta en escena, una representación. Todo se diluye, se esfuma, se disuelve después de conquistado el objetivo. Más allá no queda nada que no sea una nueva búsqueda de la conquista efímera. El esteta de Kierkegaard.

 

II. Post

La lujuria, gula, codicia, Ira, herejía, violencia, fraude, proxenetismo y seducción, adulación, simonía…  de los habitantes, en su castigo, en el Infierno ¿los encontramos hoy, en qué ámbitos de la vida y de qué forma se manifiestan? ¿cuáles son sus nuevos rostros?

La experiencia de la soledad forma parte de la experiencia humana. Negarla abre un abanico de prácticas de huida, de distorsión de la realidad. Moustakas señala que “la soledad es una realidad intrínseca y orgánica de la vida humana en la que, a la vez hay dolor y creación triunfante, emergiendo de largos periodos de desolación. En la soledad existencial el hombre es totalmente consciente de sí mismo como individuo aislado y solitario, mientras que en la soledad-ansiedad el hombre está ajeno a sí mismo como persona sensible y consciente.” (Moustakas, 1962, pág. 41).

En el Infierno de Dante, lleno de castigos eternos la soledad de no encontrar compañero ni consuelo es una aplastante soledad-ansiedad el peor castigo.

El amor atraviesa la obra de Dante. La Vita Nuova es la exaltación de Beatriz, desde la idealidad plotiniana. Amor hacia una mujer con quien su mayor acercamiento se produce en su segundo encuentro, cuando ella voltea el rostro para mirarlo. El amor, hoy, ha terminado como triste caricatura, olvidada y forzada a los sótanos de la experiencia.

El Purgatorio, el reconocimiento de la falta y el pecado, abre la esperanza cerrada in aeternum en el infierno. Quienes se preguntan a “mitad del camino de sus vidas” por su necesidad de cambiar, de romper una relación consigo mismo, con los demás, con el mundo, buscan un Virgilio que sea el guía.

La Comedia termina en el Cielo, lugar donde habitan los buenos. Es lugar de luz, “-El Amor que tranquiliza este cielo acoge siempre con semejante saludo al que entra en él, a fin de disponer al cirio para recibir su llama” (Alighieri, Divina Comedia, 2024, pág. 646).

La contemplación de la máquina, que ahora otorga al hombre valor, prestigio y poder, reemplaza las virtudes olvidadas, la máquina que pretendemos nos reemplace, oculta el mundo esencial espiritual del hombre. En 2001 Odisea en el espacio se hace necesario desconectar a la computadora con Inteligencia Artificial Hal 9000 para que siga la humanidad su curso. (Kubrick, 1968).

Ante la imposibilidad de su olvido total de lo espiritual giran su mirada hacia las cosas de valor y las modas y las convierten, sin darse cuenta, en sus nuevos dioses. Desde los platillos voladores, “aparecidos” en 1945, que traen lo extraño, la amenaza o la esperanza desde lo escatológico o el terror de convertirnos en sus mascotas, como en Planet Sauvage (Laloux, 1973). Jung ve es estas esferas mandalas (Jung, 2018). Las historias urbanas que regresan lo imposible, lo misterioso lo ultramundano pero que son “demasiado buenas para ser ciertas” como señala el humor un tanto, ácido del autor (Brunvand, 2007).

R. D. Laing dice que “Una profecía de Amós dice que ‘llegará un día que habrá hambre en la tierra, no hambre de pan ni de sed de agua, sino de oír las palabras del Señor’. Este día ya ha llegado: es nuestra época.” (Laing, 1977, pág. 126).

Siguen al presente estudio preliminar, Dante, Beatriz y el amor; miedo, culpa, perdón; realización, trascendencia y verdad; con los que en paralelos intentamos ver una psicología existencial desde la obra del gran florentino.

 

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Curriculum

Doctor en Psicología. Presidente de la Asociación Peruana de Psicología Fenomenológico – Existencial (APPFE), correspondiente de la Asociación Latinoamericana de Psicoterapia Existencial, (ALPE) y Miembro del CD de la Asociación Latinoamericana de Psicoterapia Existencial,  ALPE.

 

Correo de contacto:

rags28@gmail.com ; existencialpsicoterapia@gmail.com 

 

Fecha de entrega: 22 de junio de 2024

Fecha de aceptación: 5 de julio de 2024



 

[1]Thoreau, H. D.  (1989)   Walden. Parsifal Ediciones. Barcelona. Pág. 25

 

[2] Original en italiano.

[3] Cursivas nuestras.

[4] Para Unamuno “la mitad de la vida” está en los 45 años.

[5] Unamuno llamó nivola, en vez de novela, a Niebla.

[6] Cursivas nuestras.

[7] No confundir con el escritor norteamericano del mismo nombre.

[8] Es, ahora, necesario decir que nació humano (¿es posible la existencia de humanos que no hayan nacido humanos?), ya que auto percibirse perro o gato, o unicornio… es un derecho que de no ser reconocido se comete, en algunos países, un crimen de violenta discriminación y odio.

[9] Las comillas son nuestras.

Enlaces de Referencia

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