Revista
Latinoamericana de Psicoterapia Existencial. UN ENFOQUE COMPRENSIVO DEL
SER. Año 15 - Nº 30 – Abril 2025
Ventajas de los
grupos humanos de apoyo frente al crecimiento personal
Gustavo A. Martínez Martínez y Edgar A. Acuña Bermúdez
Cartagena, Colombia
Universidad
de San Buenaventura Seccional Cartagena
Resumen
El presente artículo, revisa las ventajas de
los grupos de apoyo en el crecimiento personal de sus participantes,
principalmente desde Yalom, además de autores que
reconociendo la necesidad de los seres humanos de permanecer juntos y desde
allí, preguntarse por sí mismos, proporcionando significado y alivio de
experiencias circunstanciales y/o existenciales a las que se enfrentan en la
vida cotidiana. Se reconocen factores terapéuticos expresados en tres ventajas
que proporcionan esperanza, conciernen al significado del cuidado del ser y a
la capacidad para atender masivas experiencias. La metodología es cualitativa
de revisión documental, con objetivo de identificar la experiencia de
desarrollo personal a partir de las ventajas que aportan los grupos humanos de
apoyo. Concluyendo que dichas ventajas permiten abordar el desarrollo
personal al aproximarse a la experiencia esencial de los seres humanos, aquello
que concierne a la dimensión valorativa que cada ser universalmente preserva;
haciéndolos vivencialmente particulares y experiencialmente
humanos.
Palabras
Clave
Grupos, ventajas, desarrollo personal, dimensión valorativa, significado, esperanza, alivio.
Abstract
This article
reviews the advantages of support groups in the personal growth of their participants, mainly from Yalom, in addition to authors who recognize the
need for human beings to stay together; and from there, ask themselves;
providing meaning and relief from circumstantial
and/or existential experiences faced in everyday life; Therapeutic factors are recognized expressed in 3 advantages, they provide hope, concern the meaning of caring for the
being and the ability to attend to massive experiences. Its Methodology is a qualitative documentary review, with the objective
of identifying the experience of personal development
based on the advantages provided by human support groups; concluding that these advantages allow us to address
personal development by approaching the essential experience of human beings, that which
concerns the evaluative dimension that each being
universally preserves; making
them experientially
particular and experientially human.
Keywords
Groups, advantages,
personal development, evaluative
dimension, meaning, hope, relief.
Introducción
Fenomenológicamente parece ser equivocado
separar el ser para sí y el ser para los otros, pues, nos encontramos siempre
proyectando y transformándonos (Sartre, 1949). “Los seres humanos somos seres
sociales: vivimos nuestro ser cotidiano en continua imbricación con el ser de
otros (…) [y] al mismo tiempo los seres humanos somos individuos: vivimos
nuestro ser cotidiano como un continuo devenir de experiencias individuales
intransferibles” (Maturana,2006 p. 69)
Bien
sabemos que nos afirmamos aquí y allá (lo individual y lo social), de ello
existen muestras claras. El estudio de la antropología es buen principio de
demostración para ello, la base de nuestra esfera afectiva, nuestra necesidad
de agrupamiento y vínculo, nuestro lenguaje, es decir, preguntarse por el ser,
es preguntarse por una relación y por ende, por una experiencia nuestra,
también vividas desde los otros.
Lo anterior, es la base mediante la cual
comprendemos que las experiencias de grupos humanos son propias a la naturaleza
del ser, son absolutamente poderosas y construyen un alto nivel de significado,
así mismo proporcionan un alto nivel de percepción, de seguridad, lo cual rompe
con la experiencia de aislamiento, alivia la ruptura de la continuidad
producida por algún acontecimiento circunstancial que produce sufrimiento,
crisis y malestar, e incluso paradójicamente,
moviliza al ser hacia la recuperación de su pertenencia, de sus recursos
y de su estabilidad. Más claramente, una experiencia de grupo humana adecuada
devuelve nuestra propia relación con nosotros mismos.
Acompañarnos en un grupo humano, nos plantea
un esfuerzo físico, psicológico y espiritual importante por permanecer en ello;
de plano, nos pone una conexión compartida que moviliza particularmente la vida
de cada quien, no obstante, cada uno decidirá cómo es su propia experiencia
allí. Un grupo humano entonces, exige una humanidad absolutamente especial,
incluso una humanidad guiada por principios de universalidad, lo cual, en
palabras de Yalom (2000) se extiende como ausencia de no hay acto o pensamiento humanos que esté
fuera de la experiencia de otra persona,
y que nosotros vivencialmente podríamos definir como, “lo que me ocurre a mí, no me ocurre a mí
solo, se colocará y moverá por el grupo”, no obstante, siempre será una
humanidad singularizada, sostenida en una mutualidad acogedora.
Desarrollo
Con respecto a la definición de grupos
humanos de intervención, vamos a aproximarnos en este momento a lo que son los
grupos humanos de apoyo; podríamos empezar por decir, que son espacios en donde
una serie de personas vivencian experiencias similares en su existencia, en
ellos, se habla de intimidad, de temas que brotan del ser y se comparten, su
origen se remonta a partir de los escenarios de mayor sufrimiento y migraciones
humanas, como es la postguerra, lo cual, nos muestra la máxima función de los
grupos humanos de apoyo: acompañar lo que más atenúa al ser, que generalmente
es el sufrimiento; siendo este, uno de las principales experiencias humanas que
rompe con la percepción de continuidad del ser en el mundo, así como la de su
sentido de vida.
No hay manera de desvincular a un grupo de
apoyo humano del crecimiento personal, empecemos por hablar de una experiencia
muy humana, el aprendizaje, que quizá sea una de las experiencias menos
cambiante de la vida de los seres humanos, pues bien, unido a los atributos neuro-biológicos que nos permiten estar dispuesto a él, se
encuentra unida una vivencia con el (con el aprendizaje), que nos permite
desarrollarnos, nos permite ser intencionados con ese desarrollo, esa tendencia
hacia querer aprender algo específico, de querer conectarnos con esa
experiencia tendida, de sentirla, de pasarla por un lugar que no solo es el
pensamiento y sus imágenes, es la capacidad del ser de verse a sí mismo, de
transformarse, de buscarse y de afirmarse. Esto significa, que los grupos
humanos están llenos de intencionalidad, es decir de lo que conecta lo afectivo
y lo mental dándole sentido, signifcado, de querer
compartirse, vivirse y convocarse, esta disposición hace que el ser de manera
integral, se construya, se acomode y se autoabastezca. Luego entonces, su
desarrollo más estricto, como lo es lo biológico que se traduce en cronológico,
está lleno de una capacidad de autodefinirse, porque este hará con esta
biología una disposición de apertura hacia el aprender (aprehender); lo cual se
puede evidenciar en las exigencias que un grupo de apoyo humano le puede hacer
al crecimiento, representado en cada participante, este, le exige una capacidad
de hacer algo con sus dotes, con su destino y con su transformación.
Sigamos entonces, aproximándonos a las
características que se relacionan con el crecimiento personal desde los grupos
de apoyo humano. Sociedades enteras se han reconstruido a partir de rituales
culturales posterior a daños, específicamente de la recuperación de atributos
sociales perdidos, como la memoria, los sincretismos, las costumbres, maneras
de ser y hasta configuraciones familiares, colocar herramientas de
reconciliación es una manera muy positiva de crecer, de desentrañar esferas afectivas
y experiencias vinculadas al odio y la venganza, esto, en el seno de los grupos
humanos de apoyo se convierte en una experiencia colectiva de crecimiento. Los
seres humanos crecen en la medida en que son capaces de compartir sus
experiencias de obstáculo, de duda, de dolor e intranquilidad con otros; es
decir, crecer personalmente tiene una relación inmediata en la colectividad.
Podríamos decir entonces, que los grupos
humanos de apoyo y su vivencia en ellos, genera una serie de factores
terapéuticos que construyen una experiencia de bienestar que se transforma en
ventajas y que transitan en cada uno de los participantes. Desde nuestra
comprensión podríamos establecer tres grandes ventajas, a cada una de ellas
intentaremos hacer un proceso comprensivo de sentido particular.
Empecemos por la primera ventaja. Los grupos brindan mucha más esperanza, más
soporte que las intervenciones individuales, todas y cada una de las
estrategias de intervención, acompañamiento y/o apoyo, se gestan de una
relación aproximada a la esperanza, su falta genera fuertes niveles de
malestar, percepción de daño, disminución en la percepción de calidad de vida y
de sin sentido vital (Botero de Mejía y Pico 2017). Cuando una situación exige
nuestros recursos personales, cognitivos, físicos, espirituales y
existenciales, deseamos inmediatamente hacer algo para preservar su valor, para
mantener en nosotros una custodia que nos mantenga a salvo, sin embargo, cuando
ese valor se destruye, se pierde o se violenta, lo primero que ocurrirá, será
un des empoderamiento del ser frente a ese valor, una experiencia de pérdida de
confianza básica en el mundo y su afectividad como lazo que se afianza en el
tiempo, de la que tanto nos ha mostrado Bowlby (1973)
en sus manifiestos de vínculo afectivo. Entonces, el ser se desespera con ese
dolor agudo, muestra desesperanza y se separa como defensa psicológica,
visualiza una imposibilidad para poder utilizar los mismos recursos y recuperar
su pérdida, por ello y más, Yalom (2000) nos dice, Infundir y mantener la esperanza es crucial
en toda psicoterapia, nosotros podríamos agregar, en toda relación. La
generación de esperanza en grupos de apoyo humano se convierte en la base
afectiva de la experiencia, de allí se desprenden y se fundamentan quizá la mayor
cantidad de efectos terapéuticos. Recuperar la esperanza implicará un riesgo
relacional poderoso y humanizador, porque en ello, se
gesta el altruismo y la bondad de acompañar y acoger, es decir, de regresar a
experimentar la relación con el mundo de otra manera más confiada,
convirtiéndose en la oportunidad vivencial de recuperación, es por ello, que la
máxima psicoterapéutica del humanismo dice que, “lo que cura es la relación,
pero no cualquier clase de relación”.
Al respecto de lo anterior, la esperanza
puede generar movilizaciones importantes en el desarrollo del ser, en su
crecimiento central, la esperanza es un movilizador de proyección futura, se
conecta directamente con amalgamas vitales de su experiencia psíquica. Cuando
la esperanza se conecta con los propios tiempos de maduración y ascensión del ser, es decir, con el plano
básico[1] que platea la teoría
psicosocial de Erickson (1974), se generara la oportunidad para colocar en la
vida social todo el potencial del ser y más aún cuando este es capaz de
utilizar la posibilidad (esperanza) a favor de sus atributos, entonces, podrá
conectar cada una de las partes de su yo (afecto, saber de si, saber hacer,
imagen mental) con su plan de vida (proyecto de vida) de una manera armónica,
real y congruente, de tal forma, que construir esperanza desde la vida en
relación a través de un grupo de apoyo humano, será un acontecimiento
inigualable de desarrollo personal. Pese a que la esperanza según esta teoría
es una virtud, es decir, un resultado adecuado del crecimiento o del
desarrollo, siempre será una relación trasversal con la libertad, con el riesgo
de hacernos cada vez más presentes para la vida, para la relación con el mundo,
será entonces, importante para las decisiones, la seguridad y satisfacción. Generar
esperanza en los seres humanos será una herramienta eficiente para su propia
autonomía, para perseguir sus metas, para construirse en sus futuros positivos,
para libertarse.
Ahora bien, es importante reflexionar al
respecto de la esperanza como energía propulsora de crecimiento, pues, crecer
implica un movimiento integral, de la misma manera que la proyección basada en
la esperanza, cada una de las anteriores generará una manera riesgosa de verse
en ese movimiento, de verse vencedores de sus propios obstáculos, de verse
transitar consigo mismos. No todos los momentos son propicios para afrontar la
esperanza o confrontar con el crecimiento, se debe también, pasar por la
necesidad de estar y existir, de reconocer en medio de toda esta exigencia existencial,
de estar en medio, generará una conciencia de sí mismo, de su presente, de sus
obstáculos y de sus condiciones, esto permitirá, utilizar fuerzas de
crecimiento desde la propia crisis vital, entonces, al ser conscientes de sus
destinos, de sus implicaciones, conflictos e identificaciones, podrán
inevitablemente las persona, hacerse propios de sí mismo, hacerse libres antes
de la proyección de si, hacerse propios de lo que tienen y de lo que pueden
conseguir, aunque exista miedo o cualquier otra experiencia humana. Encontrase
a si mismo allí, siempre será desarrollo, responsabilidad y decisión, por ello,
bien nos dice May (2000) al respecto de la libertad,
“La libertad consiste en nuestra capacidad para hacer una pausa frente a los
estímulos que nos atacan desde todas las direcciones simultáneamente y, en esta
pausa, elegir conscientemente nuestra respuesta”, de tal manera que, no
obstaculicemos progresos de movimientos estáticos desde el ser, por generar una
difusa idea del futuro.
El acto de acompañar y su relación con la
esperanza, lleva implícito como ya manifestamos, un verdadero desafío, un
desafío que supera al propio reto, un desafío a una salida del asilamiento, es
por ello, que recuperar la confianza o construirla es tan delicado, dar
soporte, hará de la relación grupal un acto de entrega que recupera los
atributos del valor que se colocaron en juego, generando con el acompañamiento,
el soporte y la vivencia grupal, la comprensión intrapersonal, interpersonal y
existencial de cada participante, concibiendo lo que verdaderamente funciona en
el mundo y la recuperación de lo positivo de la vivencia, la esperanza,
entonces, es una revelación de lugares
propios viviéndolos en compañía.
La segunda ventaja de los grupos humanos de
apoyo, se concibe desde lo complejo, desde lo esencial, desde el verdadero
cuidado, como nos dijo Yalom (1984), el verdadero cuidado del ser se basa en
tocar lo esencial, la muerte, la vida, el aislamiento, el sin sentido, la
libertad (…), entonces, la vivencia del grupo tiene el poder de acogerte en toda la vulnerabilidad, convirtiéndose en
un lugar donde se puede ser, como en ninguna otra parte se puede. Las
experiencias más auténticas, son aquellas donde la honestidad, humanización y
sensibilidad son presentes, sin embargo, generan un alto nivel de exposición,
no obstante, es reconocido que en los grupos de apoyo humano, esta exposición,
también es un buen fruto que sirve para la relación consigo mismo y el mundo, desde allí, se empieza a gestar una
forma inigualable de existir, una forma basada en la empatía, pues, significa
captar afectivamente al otro, acción que poco abunda en el mundo, pero que en
los grupos de apoyo humano, pueden llegar a ser pilares relacionales, pese a
que puedan conectar directamente con dolor, este termina disipándose por una
relación de significado acogedor, entonces vivir desde el dolor, se convierte
en una experiencia de aumento de sentido.
Podríamos detenernos un poco en la vivencia
de dolor, de vulnerabilidad, que para el crecimiento humano se traduce en
crisis, es decir, en una situación a la que no se puede hacer frente con los
mismos recursos previos. Es necesario desde lo relacional, reconocer el aporte
de un grupo humano de apoyo, esto nos llevaría a un nivel muy profundo, a
pararnos en la intimidad, aquella que nos conduce a un acto de confianza, de
revelación y afiliación con los otros en el mundo, entendemos que este acto de
incorporación al mundo tiene una exigencia en desarrollo (crecimiento) ético
humano, en donde el compartir situaciones críticas puede generar una fidelidad
entre los seres, una fidelidad propia del desarrollo positivo de los seres o de
la misma manera desconectarnos de los otros y temer un nivel tan importante de
afectividad, no obstante, el crecimiento será una opción propia de libertad
como ya mencionamos. Pero podríamos entender también que los seres humanos
buscamos salvaguardar nuestros narcisismos, nuestras susceptibilidades,
entrando en un vaivén importante que nos conecte y desconecte cuando
necesitemos, cuando no podamos solos, he aquí un camino no tan sano que podría
afectar la salud integral del ser, muy específicamente la psíquica, cuando teje
vacíos contundentes en el mundo de sus relaciones, ambiguas, inestables,
dependientes, autosuficientes, controladoras e incluso perversas.
No todas las experiencias humanas tienen un
contenido inmediato con lo esencial, sin embargo, siempre hay dentro de ello
una fuerte conexión, el crecimiento humano, por ejemplo, como ya mencionamos,
genera miedos en su desarrollo y vivencia. Estos miedos son formas de
manifestarse la vitalidad, o la amenaza a la misma, tomar una decisión en algún
lugar o grado del desarrollo de la identidad, es un verdadero temor a la
muerte, Yalom (1984). Los escenarios de crecimiento y
desarrollo son vitales, en donde se requiere la destreza grupal de acogida,
comprensión y escucha, Romero (2003), pues allí, existe un alto nivel de
oportunidad y de susceptibilidad vital.
Finalmente, hemos llegado a considerar una
tercera ventaja de los grupos de apoyo humano, los grupos pueden atender muchas más personas que los ambientes
individuales. Esta ventaja nos permite dar una mirada cuantitativa y
cualitativa a la vez, desde lo cuantitativo nos podemos encontrar con el número
de persona que participan y el tiempo de existencia y sentido de un grupo de
apoyo humano, pero desde lo cualitativo nos encontramos con la mística que
tienen los grupos de apoyo, la convergencia, produce un alto nivel de
motivación de participación, motivación intrínseca por supuesto, aunque algunas
también extrínsecas y de carácter particular, como la inversión afectiva en
alguien en especial; no obstante, en los grupos se vive en socialización, se
vive en mutualidad, se viven fuerzas poderosas de movimiento, se visualizan
experiencias, se modelan incluso, tienen un poder liberador y catártico en
lugar seguro y se aprende a nivel interpersonal.
Conclusiones
Por lo expuesto, llegamos a la conclusión de
que el ser está permanentemente convocado hacia una experiencia con los otros,
lo cual permite una afirmación personal que se realiza indefectiblemente con y
entre los otros. Esto posibilita el crecimiento humano, de allí que los grupos
de apoyo se convierten en un espacio necesario para la protección de la salud
mental. Este especial compromiso, parte desde la comprensión de la propia
necesidad de los seres humanos de co-constituir el
mundo, permitiendo la integración del mundo propio de una manera experiencialmente amplia y coherente con el desarrollo
personal.
Los grupos humanos de apoyo, poseen poderosas
ganancias traducidas en factores terapéuticos, las cuales pueden ser una
respuesta a la gran pregunta por sí mismo, respuestas protectoras capaces de
enfrentarse a las experiencias más complejas de la existencia, permitiendo
formas no destructivas de relación, aportando cuidado en el encuentro,
recuperación colectiva de la esperanza y con soluciones al malestar humano
desde la intimidad, posibilitando el autoconocimiento, la resignificación
y el reposicionamiento frente al sufrimiento.
El grupo de apoyo humano es un lugar no
físico, que no pertenece a algún lado, existe en la fusión, en el acogimiento,
es un lugar temático, sin tema definido, no obstante, es un lugar para hablar
de lo esencial, de la vida, de la muerte, del sentido… Es un espacio con
universo, fuera del sistema, pero dentro de la órbita, una vivencia de
relación, de conexión, de ganancias afectivas y de revelación de pérdidas
vivenciales para existir, pero claramente un espacio de efectos poderosos en el
ser.
Referencias
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Yalom, Irvin D. (1984). Psicoterapia
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Barcelona: Herder
Curriculum
Gustavo Alejandro Martínez Martínez
Psicólogo, Docente Universitario y Psicoterapeuta, Mg. en
Psicología con énfasis clínico fenomenológico existencial (Universidad del
Norte), especialista en intervención psicológica en situaciones de crisis
(Universidad de San Buenaventura, seccional Bogotá). Investigador perteneciente
al grupo de investigación GIPSI de la Universidad de San Buenaventura Seccional
Cartagena.
Correo de contacto
gustavo.martinez@usbctg.edu.co
Edgar
Alfonso Acuña Bermúdez
Psicólogo.
Docente e
Investigador de tiempo completo de la Universidad de San Buenaventura-
Cartagena, Programa de
Psicología. Director del Grupo
de Investigación en Psicología GIPSI. Doctor en Psicología Clínica y de la Salud
de la Universidad de Salamanca- España.
Responsable de
la correspondencia. Dirección de la Universidad de San Buenaventura Seccional
Cartagena- Colombia: Calle Real de Ternera No.30-966. Código Postal 130010.
Dirección de Residencia: Parque Heredia Conjunto Coral Torre 2 Apartamento 502
Código Postal 130008. Cartagena- Colombia.
Correo de contacto:
Fecha
de entrega: 17/12/2024
Fecha
de aceptación: 11/02/2025
[1] El principio epigenético afirma que “todo ser vivo tiene un plano básico
de desarrollo, y es a partir
de
este plano que se agregan las partes, teniendo cada una de ellas su propio
tiempo de ascensión, maduración y ejercicio,
hasta que todas hayan surgido para formar un todo en funcionamiento” Erick
Erickson
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