Revista
Latinoamericana de Psicoterapia Existencial. UN ENFOQUE COMPRENSIVO DEL
SER. Año 16 - Nº 31 –Octubre 2025
Editorial
Existencialismo
vigente: estudio, presencia y apertura
El existencialismo ha sido, desde sus orígenes, una corriente filosófica
y terapéutica que se define más por su actitud que por su sistema. Su núcleo
radica en una disposición profunda de apertura frente a la experiencia
particular de cada persona, enunciado como al misterio del ser humano, su
sufrimiento y su búsqueda de sentido. Pero como todo lo vivo, también el
existencialismo está llamado a renovarse, a dejarse afectar por lo que el mundo
y la experiencia humana van mostrando en cada tiempo.
Hoy, en medio de un mundo hiperacelerado,
fragmentado y saturado de discursos técnicos, la vigencia del existencialismo
se sostiene en la fidelidad a su esencia: resistirse a las recetas, a los
modelos cerrados y a la patologización del malestar. Persistir en una mirada
existencial es elegir la pregunta por sobre la respuesta, el encuentro por
sobre la técnica, la escucha por sobre la intervención inmediata.
Pero esta vigencia no ocurre sola. Se cultiva.
Mantenernos vigentes como terapeutas existenciales implica estudiar, leernos
mutuamente, revisar los textos fundantes y también los nuevos aportes. Implica
participar en espacios de formación, congresos, diálogos clínicos y filosóficos
que nos mantengan despiertos. Porque el existencialismo no es una escuela
cerrada ni un repertorio de herramientas: es una actitud que exige presencia, profundidad
y trabajo constante.
En este camino, también es posible —y necesario—
dejarse tocar por enfoques afines que dialogan con nuestra mirada. En mi caso,
he incorporado en mi práctica un trabajo más profundo con trauma, compasión y
presencia encarnada, lo que ha enriquecido mi comprensión de la fenomenología
existencial. Antes concebía la fenomenología principalmente como respeto hacia
las personas como seres libres y capaces de elegir, sin asumir que yo sabía más
sobre sus vidas. Ahora descubro que esta actitud también es profundamente
compasiva: al sostener la intención de comprender y aceptar a cada persona y
sus elecciones tal como son, mi presencia se transforma. Surge así en mí una
fenomenología que no solo respeta, sino que también acoge.
Esta integración me recuerda que mantenerse vigente
implica abrirse a nuevos aprendizajes sin perder la raíz existencial. Su
integración con la fenomenología existencial no es forzada ni artificial: ambos
enfoques comparten una raíz ética y una mirada profunda sobre el ser humano
como ser relacional, vulnerable y en constante devenir.
El trabajo con trauma, la compasión como postura
epistémica, el cuerpo como territorio de la experiencia vivida y el vínculo
como espacio de transformación son caminos que enriquecen la tradición
existencial sin diluirla ni sustituirla. Nos recuerdan que la fenomenología
nunca fue solo una técnica de descripción, sino un modo radical de estar con el
otro, de abrirse a su mundo sin colonizarlo.
Invito, entonces, a seguir sosteniendo una práctica
existencial viva, rigurosa y presente, que no se limite
a repetir conceptos, sino que se mantenga en movimiento, en diálogo, en
búsqueda. Una práctica que honre el legado sin dejar de estudiar, sin dejar de
preguntarse. Porque la vigencia del existencialismo no depende del paso del
tiempo, sino del compromiso de quienes lo practicamos.
El existencialismo no es un museo, es un modo de
habitar el mundo. Y para seguir habitándolo, necesitamos seguir pensando,
estudiando y estando presentes.
Gabriela Flores Macías
México
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