Revista
Latinoamericana de Psicoterapia Existencial. UN ENFOQUE COMPRENSIVO DEL
SER. Año 16 - Nº 31 – Octubre
2025
Sección Ensayos y Revisión
La Psicoterapia
Existencial, ante la angustia por lo inminente
Javier
Fermani
Resistencia,
Chaco, Argentina
Alpe Argentina
Resumen
La psicoterapia existencial
presenta en la actualidad un modo de abordaje clínico que dista de parecerse a
las líneas históricas hegemónicas, basado en la aproximación fenomenológica,
comprensiva de los procesos subjetivos de quien sufre. Los tiempos actuales,
caracterizados fuertemente por la emergencia de problemáticas del humor y
patologías del acto, ofrece el escenario social idóneo para el restablecimiento
de la pregunta por el sentido, base estructural de esta forma de psicoterapia e
inquietud fundamental del ser.
Palabras claves
Psicoterapia, Existencia, Angustia, Posmodernidad
Abstract
Existential psychotherapy presents today a mode of
clinical approach that is far from similar to hegemonic historical lines, based
on a phenomenological, comprehensive approach to the subjective processes of
those suffering. Current times, strongly characterized by the emergence of
problems of humor and pathologies of the act, offer an ideal social scenario
for the restoration of the question by meaning, the structural basis of this
form of psychotherapy and the fundamental concern of being.
Keywords
psychotherapy, existence, anguish, postmodernism.
Introducción
La psicoterapia, en la Argentina, se
encuentra atravesando tiempos de turbulencia. Las alternativas que ofrece para
dar respuesta al caudal de demandas clínicas de la actualidad se debaten entre una
orientación al estudio exhaustivo de un conflicto que hunde sus raíces en el
pasado del sujeto singular, y una propuesta basada en la corrección tecnocientífica de la conducta y el pensamiento. Ambas
líneas, si bien legítimas por propio derecho, trabajan con un modelo de
paciente que no representa en absoluto al sujeto social del actual Siglo XXI,
demasiado desesperado por una sintomatología crítica como para darse el respiro
de pensar en sus orígenes, y demasiado consciente de su mismidad como ser sufriente
como para verse devaluado por un tecnócrata experto, que lo ordene en el
sentido de lo que considera saludable.
Desarrollo
¿De qué sujeto estamos hablando, más
concretamente? De aquel que Gilles Lipovetsky
caracterizó como hipermoderno (2017), Una
persona asolada por una preocupación esencial, distinta de aquella que
caracterizaba al individuo posmoderno de fines del siglo XX, y que no es otra
que el cuidado de un sí mismo fragilizado, expuesto a una permanente
inestabilidad económica - política, desprotegido institucionalmente y,
fundamentalmente, expuesto a la hiperinformación y a
un evidente proceso tecnológico de desrealización,
por el cual se pone en marcha un desmantelamiento sistemático de la noción de
“realidad” como asociable a lo fijo, lo constante, lo que precede y sucede al
ser.
Bajo estas coordenadas históricas, el sujeto,
que ya no mira hacia las instituciones en busca de mentiras encubiertas (Lyotard, 2012) ni encuentra en el prójimo sostén afectivo
ante un escenario incierto; se ve en la urgencia de cuidarse en lo inmediato de
una amenaza persistente. Esta no hace al vacío ante el cual se sentía expuesto,
en aquellas épocas en las que Freud conceptualizó a la angustia como el ardor
paralizante de una pulsíón desprovista de todo acompañamiento
representacional, sino a un proceso internalizado de vaciamiento activo, que lo
acosa sin descanso y lo imanta a la nada: el consumo descontrolado de la
sustancia, el ataque de pánico, el pasaje al acto, el suicidio. El vacío ante
el cual estábamos parados en el Siglo XX, es el abismo interno al que el sujeto
se siente a cada momento cayéndose, en la actualidad.
Dicho esto, desarrollar un modelo clínico de
abordaje de los padecimientos propios de este tiempo nos desafía, como
profesionales de la salud mental, a preguntarnos a qué tipo de pacientes
creemos estar viendo y escuchando, al abrir las puertas de nuestro consultorio.
Este sujeto, que padece de insomnio, ideación intrusiva recurrente, ansiedad
generalizada, que se sobremedica sin consultar a un
profesional competente y que se encuentra asediado internamente por su propia
sombra, es alguien que no asiste a psicoterapia en busca de análisis tanto como
huye de sí mismo hacia ella, en busca de alivio. La demanda por la “resolución
del síntoma” ha sido sustituida por la “búsqueda de una salida inmediata” a lo
que sea que ese vacío activo, magnético y mortalmente angustiante, sea que lo
esté llevando.
En este contexto, un modelo clínico orientado
a hurgar en causas pasadas, que como diría Foucault, ubica al paciente en
posición confesionaria y al profesional en rol de
pastor (2014), es uno que obliga al sujeto a adoptar una postura pasiva ante lo
que le sucede, exigiéndole un tiempo del que, claramente, no dispone. Del mismo
modo, una alternativa terapéutica que proyecta la figura del saber activo en el
científico, medicaliza la vivencia a través de la
palabra, devolviendo al sujeto a una posición de obediencia ante el terapeuta,
que intentará callar la voz de su conciencia mediante tareas prácticas que lo
inciten a olvidarse de ella.
La psicoterapia existencial propone una
alternativa que difícilmente podamos considerar novedosa, pero que sí podemos
significar como necesaria, dado el escenario sociohistórico
que aquí estamos describiendo. Nacida en la década del 30 del siglo pasado a
través de los primeros esfuerzos de Ludwig Binswanger;
hace a un modelo clínico pensado por, para y desde el ser humano como realidad
inmediata y activa, situado de ordinario en una encrucijada que se ve en la
exigencia de resolver a cada momento: que como diría Kierkegaard (2013), ha
sido arrojado al mundo sin elección previa, sin más remedio que elegir en él, y
al hacerlo, elegirse. Esto, que llevó a Sartre años después a sentenciar
que el ser humano está condenado a ser libre (2015), hace a la crisis
existencial que subyace a la experiencia humana, y que ha sido siempre (y aún
más hoy en día) ignorada o evadida.
La terapia existencial nace de la unión entre
el Existencialismo como doctrina filosófica, la Fenomenología husserliana como método, y la Psicoterapia como disciplina
científica, orientada al tratamiento del malestar subjetivo. Su origen data de
los esfuerzos realizados por diversos investigadores y terapeutas en los
momentos más críticos e inestables de la humanidad, que va del periodo de
entreguerras a la revolución de los años 60. Ha sido, con esto, una forma de
psicoterapia orientada a la intervención dialogal, presente y asertiva con el
sujeto en situación de crisis. Ya en su fundamentación teórico - ética,
encontramos al ser humano como vulnerabilidad, preocupación y misterio (Lévinas, 2012). Un ser llamado a evadirse de la
insoportable experiencia de ser ya mismo todo lo que puede humanamente ser,
hacia el encuentro incierto del Otro, quien abre las puertas del deseo, el
futuro y la esperanza, tanto como del temblor ante lo impredecible e
incontrolable.
Los primeros esfuerzos de la terapia
existencial giran en torno a dar forma a una clínica de las psicosis, del mismo
modo que a diversas maneras de comprender y abordar la aquí llamada psicoterapia
de lo inminente, que se presenta en las crisis de ansiedad bajo la forma de
un fantasma que persigue al sujeto a toda hora y en todo lugar, empujándolo a
una huida desenfrenada que desemboca, en muchas oportunidades, en el intento de
suicidio o en el ataque de pánico.
Conclusión
El psicoterapeuta existencial
desarrolla su práctica abriéndose al vínculo humano desde la aceptación de la
incertidumbre, el caos y la vulnerabilidad que le son constitutivas, en orden a
brindarse como un apoyo humano no suficiente, pero necesario, en su búsqueda de
alivio y sentido. Implica la posibilidad de, mediante el diálogo abierto, una
escucha activa y una disposición a la ayuda más allá de los encuadres rígidos,
mostrarse en sintonía con el padecimiento de quien acude a su consulta.
Asimismo, hace a la formación de un profesional capaz de, a través de su
intervención y acompañamiento, ayudar al crecimiento interno de la percepción
subjetiva de tiempo. Podríamos decir, aspira a ayudar al sujeto a ir creando
para sí mismo ese tiempo para sanar que el mundo no le otorga, y del que siente
que dispone cada vez menos.
Referencias
Foucault, Michel. (2014). Biopolitica.
Barcelona:
Herder.
Lipovetsky,
Gilles (2017). Tiempos hipermodernos. Buenos
Aires: Paidós.
Lyotard, Francoise (2012) La posmodernidad. Buenos Aires:
Sudamericana.
Levinas,
Emmanuel (2021) Totalidad e infinito. Buenos Aires: Paidós.
Kierkegaard,
Soren (2013). Temor y temblor. Ed. Fondo de
cultura económica. Mexico.
Sartre,
Jean Paul (2014). El ser y la nada. Barcelona: Herder.
Curriculum:
Lic en Psicología (Ucp). Especialista en psicología del trabajo (UBA).
Doctorando (UBA). Profesor titular “Clínica psicoterapéutica” y “Practica
profesional supervisada”, (Ucp). Profesor titular
“Teoría y técnica de exploración y diagnostico psicológico II” de la
Licenciatura en Psicología (Uces). Director la
diplomatura en psicoterapia existencial (Ucp).
Coordinador de la diplomatura en prevención de la violencia laboral (Unne). Profesor de posgrado diplomatura en estudios de
género (Unaj). Profesor de posgrado diplomatura en Rorschach para el sistema comprehensivo (ISSCJ).
Coordinador de zona NEA de la delegación de ALPE Argentina. Conferencista en
congresos y actividades académicas. Psicólogo clínico de orientación
existencial. Autor de 8 libros de la especialidad.
Correo de contacto:
javierarmandofermani@gmail.com
Fecha de entrega: 25/07/24
Fecha de aceptación: 08/02/25
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