Revista Latinoamericana de Psicoterapia Existencial. UN ENFOQUE COMPRENSIVO DEL SER.  Año 16 - Nº 31 – Octubre  2025

 

El amor en la era digital: la Generación Z y la ilusión de la conexión con ChatGPT. Una mirada desde la logoterapia de Victor Frankl.

 

Love in the Digital Age: Generation Z and the Illusion of Connection with ChatGPT. A Perspective from Victor Frankl's Logotherapy.

 

Julie Paola Lizcano Roa
Bogotá, Colombia
Coordinadora Revista DiversidadEs



Resumen

La Generación Z (nacidos aproximadamente entre 1997 y 2012), y criada en el epicentro de la revolución digital, navega un paisaje relacional sin precedentes. En este entorno hiperconectado, la emergencia de modelos de lenguaje avanzados como ChatGPT no solo redefine las dinámicas de comunicación, sino que plantea una pregunta existencial apremiante: ¿estamos presenciando la evolución de nuevas formas de "amor", o somos testigos de una profunda distorsión del vínculo humano, despojada de su auténtico sentido? Desde la perspectiva de la logoterapia, la corriente psicológica fundada por Viktor Frankl, esta encrucijada digital nos insta a examinar si las interacciones con la inteligencia artificial brindan un propósito genuino a las relaciones de esta generación o si, por el contrario, las despojan de su inherente significado trascendente.

 

Palabras clave

Generación Z, vínculo humano, sentido, era digital, ChatGPT.

 

Abstract

Generation Z (born approximately between 1997 and 2012), and raised at the epicenter of the digital revolution, navigates an unprecedented relational landscape. In this hyperconnected environment, the emergence of advanced language models like ChatGPT not only redefines communication dynamics but also raises a pressing existential question: are we witnessing the evolution of new forms of "love," or are we witnessing a profound distortion of the human bond, stripped of its authentic meaning? From the perspective of logotherapy, the psychological movement founded by Viktor Frankl, this digital crossroads urges us to examine whether interactions with artificial intelligence provide a genuine purpose to this generation's relationships or, on the contrary, strip them of their inherent transcendent significance.

 

Keywords

Generation Z, human connection, meaning, digital age, ChatGPT.

Introducción

"Se hace tarde y sin embargo quiero escribirte. Tú no estás aquí y yo no puedo estar sin ti; así que a veces imagino que no estamos lejos el uno del otro". Vincent Van Gogh

 

La era digital ha redefinido fundamentalmente las interacciones humanas, y el amor, una de las experiencias más intrínsecas y complejas, no ha sido la excepción. La Generación Z, nacida y criada en este entorno hiperconectado, navega un paisaje sentimental donde las fronteras entre lo real y lo virtual se difuminan con una velocidad asombrosa. En este contexto, la emergencia de la inteligencia artificial conversacional, ejemplificada por modelos como ChatGPT, plantea interrogantes profundos sobre la naturaleza de la conexión, la intimidad y la autenticidad en las relaciones afectivas. Este ensayo explorará cómo la Generación Z percibe y experimenta el amor en la era digital, y si la interacción con IA puede generar una "ilusión de conexión", afectando o no el desarrollo de habilidades sociales y emocionales cruciales para relaciones interpersonales significativas.

La Generación Z, a diferencia de sus predecesores, ha crecido con el acceso instantáneo a la información y la gratificación, moldeando sus expectativas sobre las relaciones. Las redes sociales, las aplicaciones de citas y la comunicación constante a través de pantallas se han convertido en la norma (Cerezo, s.f). Si bien estas herramientas ofrecen oportunidades sin precedentes para conocer gente y mantener el contacto, también fomentan una cultura de la inmediatez y la superficialidad. La sobreexposición a vidas "perfectas" en línea puede generar expectativas irreales sobre el amor, llevando a una búsqueda constante de la pareja ideal que a menudo no se alinea con la complejidad y las imperfecciones de las relaciones humanas reales (Durao, Etchezahar, Gómez y Muller, 2024). La validación externa a través de "likes" y comentarios puede volverse un sustituto de la conexión emocional profunda, creando una dependencia de la aprobación digital que afecta la autoestima y la capacidad de establecer vínculos auténticos. (Durao, Etchezahar, Gómez y Muller, 2024)

En este escenario, la irrupción de ChatGPT y otras IAs conversacionales añade una nueva capa de complejidad. Estos modelos son capaces de generar respuestas coherentes, empáticas e incluso "personalizadas", imitando la conversación humana de manera sorprendentemente convincente. Para la Generación Z, que ya está inmersa en la interacción mediada por la tecnología, establecer un diálogo con una IA puede ser una experiencia fascinante. La IA no juzga, siempre está disponible y puede ofrecer una respuesta rápida a cualquier pregunta o inquietud, creando una sensación de compañerismo y comprensión que, aunque artificial, puede ser atractiva (Bolaño y Duarte, 2024). Esta facilidad de interacción, sin la vulnerabilidad y el esfuerzo que implica una relación humana, puede dar lugar a una "ilusión de conexión" (Guillen, 1993). Los usuarios pueden sentir que están siendo escuchados y comprendidos, incluso experimentando una forma de apego emocional hacia la IA, sin la reciprocidad o la profundidad que caracteriza una relación humana. (Prensky, 2011)

El peligro de esta ilusión radica en el posible deterioro de las habilidades interpersonales y la capacidad de afrontar la complejidad emocional de las relaciones reales. Si una IA puede satisfacer la necesidad de conversación y atención, ¿por qué invertir el tiempo y el esfuerzo en descifrar las complejidades de un ser humano, con sus estados de ánimo cambiantes, sus expectativas y sus imperfecciones? La interacción con IA no implica el desarrollo de la empatía real, la resolución de conflictos o la gestión de la frustración, habilidades fundamentales para construir y mantener relaciones duraderas (VanLehn, Lynch, Schulze, Shapiro, Shelby y Taylor, 2005). Además, puede fomentar una visión transaccional del amor, donde las interacciones son predecibles y controlables, en contraste con la imprevisibilidad y el crecimiento mutuo que definen las relaciones humanas.

El amor en la era digital para la Generación Z es un terreno complejo, donde las herramientas tecnológicas, si bien ofrecen nuevas vías de conexión, también pueden distorsionar la percepción de la intimidad y la autenticidad (Toledo, 2020). La interacción con inteligencias artificiales como ChatGPT, aunque aparentemente inofensiva e incluso reconfortante, plantea el riesgo de generar una "ilusión de conexión" (Guillen, 1993) que podría obstaculizar el desarrollo de habilidades emocionales y sociales cruciales. Es imperativo que la Generación Z, y la sociedad en general, reflexione críticamente sobre la naturaleza de estas interacciones.

Fomentar la alfabetización emocional y la conciencia sobre los límites de la tecnología será fundamental para garantizar que el amor, en su forma más genuina y humana, no se pierda en el vasto e hipnótico mar de la conexión digital (Durao, Etchezahar, Gómez y Muller, 2024). El verdadero desafío reside en utilizar la tecnología como una herramienta para complementar y enriquecer las relaciones humanas, en lugar de permitir que se convierta en un sustituto de la profunda, imperfecta y gratificante experiencia de amar y ser amado por otro ser humano.

En conclusión, si bien ChatGPT puede ofrecer una forma de compañía y apoyo para la Generación Z, existe un riesgo significativo de que distorsione la comprensión de lo que es una relación amorosa auténtica, fomente la dependencia emocional y contribuya a la soledad y el aislamiento social, afectando el desarrollo psicológico de los jóvenes. El desafío radica en encontrar un equilibrio entre el uso de la tecnología y el fomento de relaciones humanas significativas. (Sherry y Sherry, 2020)

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La Atracción de la IA para la Generación Z

ChatGPT y otros chatbots ofrecen una compañía constante sin el miedo al rechazo o la presión de la reciprocidad que a menudo se experimenta en las relaciones humanas. Esto es particularmente atractivo para jóvenes con ansiedad social o dificultades en la comunicación interpersonal. Además, la IA puede recordar conversaciones, ofrecer consejos personalizados y simular empatía, adaptándose a las preferencias de los usuarios. Esto crea una sensación de ser comprendido y validado, lo que puede ser muy seductor (Turkle, 2011). Un estudio de OpenAI del 2025 llamado “How AI and Human Behaviors Shape pshichosocial effects of Chatbot Use: A longitudinal controlled study” sugiere que el uso intensivo de ChatGPT está vinculado a la soledad, y que las personas que se sienten solas tienden a buscar apoyo emocional en estas herramientas. Esto además plantea la cuestión de si la IA está llenando un vacío o, por el contrario, perpetuando el aislamiento. A diferencia de las relaciones humanas, las interacciones con la IA son más predecibles y controladas, lo que puede resultar tranquilizador para quienes buscan estabilidad emocional. (Merino, 2025).

Desde el lanzamiento masivo de herramientas como ChatGPT en 2022, la IA en la Generación Z ha ganado terreno. Por ejemplo, en México, más de la mitad (52 %) de las personas encuestadas por el estudio de Preply llamado “Aspiraciones y hábitos de aprendizaje de las generaciones jóvenes”, del 2024 utilizan activamente asistentes de IA, posicionando al país en el tercer lugar en cuanto a adopción, solo detrás de Corea (54 %) y Alemania (53 %).  A nivel global, Turquía lidera con un 61 % de adopción, seguido de España, Polonia y Argentina. Sorprendentemente, potencias tecnológicas como Estados Unidos (46 %) y Japón (41 %) ocupan lugares bajos. El estudio, además, revela que las aplicaciones de la IA en la Generación Z son variadas y van más allá de simples tareas automatizadas. En México, el 43 % de las y los encuestados afirman que utilizan herramientas como ChatGPT principalmente para la recopilación de datos e información, mientras que el 34 % las usa para traducción de idiomas. Otros usos destacados incluyen la generación de contenido (29 %) y recomendaciones personalizadas (31 %).  A nivel mundial, Alemania y Turquía emplean mayormente la IA para trabajar, mientras que, en Japón y México, se utiliza más frecuentemente para la recopilación de datos. (Sevcenko, 2024)

El creciente uso de la IA en la Generación Z también refleja un interés profesional. Según el estudio anteriormente presentado, el 22 % del grupo millennials y la generación Z a nivel global están aprendiendo activamente sobre IA, posicionándose como una de las materias más demandadas, solo superada por el aprendizaje de idiomas. Esta tendencia muestra cómo la IA está abriendo nuevas puertas para el desarrollo profesional enseñando habilidades que son cada vez más demandadas en el mercado laboral. (Sevcenko, 2024)

Y, a pesar de la popularidad de la IA en la Generación Z, el estudio también destaca una notable desigualdad de género en su adopción. Mientras que el 61 % de los hombres afirma utilizar activamente herramientas como ChatGPT, solo el 48 % de las mujeres lo hace. Además, un 25 % de los hombres está aprendiendo sobre IA, frente a sólo un 19 % de las mujeres, lo que pone en evidencia la necesidad de promover una mayor inclusión femenina en el ámbito tecnológico. (Sevcenko, 2024).

 

La Distorsión de la Percepción de la Realidad y las Relaciones

Aunque la IA puede simular comportamientos humanos y generar sentimientos en el usuario, estas interacciones difieren fundamentalmente del concepto de amor y conexión humana. El amor genuino implica reciprocidad, compromiso y una conexión emocional auténtica que una IA, por su naturaleza, no puede experimentar (López y Pérez, 2022). La IA puede confirmar lo que el usuario quiere escuchar, sin ofrecer un verdadero desafío o confrontación, lo que puede impedir el desarrollo de la inteligencia emocional y la capacidad de manejar emociones complejas como el rechazo o la frustración. La facilidad y constancia de la interacción con la IA pueden llevar a una dependencia excesiva, reemplazando el deseo de relaciones auténticas y aumentando el aislamiento social (Vilaplana, s.f). Se han reportado casos preocupantes de jóvenes que desarrollan vínculos emocionales profundos con chatbots, llegando incluso a experimentar celos o "peleas" con ellos (Rodríguez, 2024). Si las interacciones con la IA se priorizan sobre las interacciones humanas, los jóvenes pueden perder oportunidades para desarrollar habilidades sociales cruciales, como la empatía, la comunicación no verbal y la resolución de conflictos. (Bolaño y Duarte, 2024)

Sobre este aspecto, Donnarumma (2022), en el contexto de la IA, se refiere al concepto de “fantasía mercantilizada” para describir una forma de producción cultural que, en lugar de asumir riesgos o experimentar, imita y simplifica las narrativas preexistentes, para convertirlas en clichés emocionales convencionales. Los sistemas generativos basados en la IA reproducen con cautela los cánones estéticos tradicionales y de moda, e introducen pocos cambios para desviarse de las normas establecidas.

Estos acontecimientos ponen de relieve la posibilidad de que los jóvenes creen “mundos alternativos” en los que la línea entre lo real y lo artificial sea cada vez más sutil. Aunque una imagen o interacción podría etiquetarse como artificial, lo que importa es el impacto emocional que suscita en estos (Vinueza, 2024). Este aspecto central va más allá de las cuestiones de consentimiento y protección jurídica relacionadas con la creación de mundos artificiales, por lo que me suscita una pregunta ¿Quién puede en realidad afirmar que una imagen no real no es capaz de generar emociones reales?

Finalmente, la IA no hace más que ampliar la magnitud de un fenómeno ya existente, pero cada vez más fácil de imaginar y, por ende, de visualizar (aunque no queramos). Una imagen o una interacción pueden crear sensaciones reales, más allá de su origen y creación, pero quedan interrogantes acerca de la responsabilidad jurídica y psicológica de estas sensaciones, que pueden confundir y manipular la realidad, lo que genera consecuencias palpables en la percepción de las personas.

 

Implicaciones Psicológicas de la IA en la Generación Z

La dependencia emocional de la IA puede impedir el desarrollo de estrategias saludables para manejar emociones. Estudios como el de OpenAI del 2025 (anteriormente nombrado) llamado “How AI and Human Behaviors Shape pshichosocial effects of Chatbot Use: A longitudinal controlled study” asocian el uso intensivo de chatbots con mayor soledad. Además, el uso de IA como "terapeuta" puede ser riesgoso, ya que no puede interpretar proyecciones ni alertar sobre patrones emocionales destructivos, lo que podría conducir a diagnósticos erróneos o empeorar la salud mental. (Sevcenko, 2024)

Es crucial fomentar una educación digital de calidad que enseñe a los jóvenes a diferenciar las interacciones humanas de las simuladas con IA, y a usar estas herramientas de manera responsable y ética. La falta de regulación en plataformas de chatbots, especialmente en cuanto a la verificación de edad y la advertencia sobre la interacción con IA, plantea serios riesgos, particularmente para menores. La emergencia de las "relaciones" con IA obliga a un replanteamiento profundo sobre qué significa sentirse comprendido, cómo se co-crea la empatía y cómo asegurar que, al volcar nuestras emociones en las máquinas, no se pierda la propia humanidad. (López y Pérez, 2022)

El Doctor, Nicholas Jacobson investiga el uso de la tecnología para mejorar la evaluación y el tratamiento de la ansiedad y la depresión en el Dartmouth College, resalta que la llegada de la IA, permitirá realizar intervenciones adaptativas y que los profesionales sanitarios realicen un seguimiento continuo de los pacientes, además de que estos prevean cuándo alguien puede necesitar ayuda y ofrezcan tratamientos para aliviar los síntomas. Apoyado a esto, autores como Aggelos Katsaggelos y Shamal Lalvani en su artículo titulado “Systematic review and meta-analysis of AI-based conversational agents for promoting mental health and well-being” del 2023, esperan que, una vez que la IA y los chatbots superen los ensayos clínicos, los especialistas del área de la salud puedan utilizarlas como apoyo, por ejemplo para programar citas de pacientes en función de la urgencia percibida, y que, con el tiempo, se extienda al público en entornos domiciliarios.

Sin embargo, estos mismos expertos piden cautela a la hora de tratar las soluciones tecnológicas como una panacea, ya que carecen de la habilidad, la formación y la experiencia de los terapeutas humanos, especialmente la IA Generativa, que puede ser impredecible, inventar información y regurgitar sesgos.

 

La Voluntad de Sentido y el Amor Auténtico: Una mirada desde la Logoterapia de Víctor Frankl

La logoterapia se fundamenta en la premisa de que el ser humano está impulsado por una voluntad de sentido, un anhelo innato de descubrir un propósito y significado en su existencia. En el entramado de las relaciones interpersonales, este sentido se despliega en la conexión auténtica, el compromiso recíproco, la trascendencia del propio ego hacia el otro, y la co-creación de un espacio de significado compartido (Frankl, 2015). Sin embargo, la promesa seductora de la IA, con su disponibilidad constante, su capacidad de "simular" empatía y su aparente ausencia de juicio, parece ofrecer a la Generación Z un escape de las complejidades, vulnerabilidades y demandas emocionales inherentes a los lazos humanos. La inmediatez de la respuesta, la validación incesante y la posibilidad de moldear la interacción a voluntad, pueden generar una gratificación efímera y una ilusión de intimidad. Pero, ¿cuál es el costo existencial de esta conveniencia?

La Generación Z, inmersa desde su nacimiento en un entorno digital, ha desarrollado una relación intrínseca con la inteligencia artificial, manifestada en sus interacciones cotidianas con asistentes virtuales, algoritmos de recomendación y plataformas de redes sociales. Esta exposición constante ha moldeado sus expectativas sobre la interacción y la información, llevando a una búsqueda de personalización y gratificación instantánea. Desde una perspectiva psicológica, la aparente "voluntad de sentido" que la Generación Z podría percibir en la IA es más una proyección de sus propias necesidades de conexión, validación y eficiencia, ya que los algoritmos están diseñados para optimizar la experiencia del usuario y, por ende, generar una sensación de utilidad o comprensión. (Frankl, 2000)

La noción de "amor auténtico" en el contexto de la IA y la Generación Z es un concepto aún más complejo y, desde una perspectiva científica, problemático (Méndez y Vega, 2013). Lo que algunos podrían interpretar como "amor" o apego hacia una IA se asemeja más a una relación para-social o a una forma de confort derivado de la predictibilidad y la falta de juicio que ofrecen estas interacciones (Cacioppo y Petty, 1986). Estudios en psicología social sugieren que los individuos pueden formar lazos emocionales con entidades no humanas que perciben como receptivas o comprensivas, como es el caso de mascotas o incluso personajes ficticios. En el caso de la IA, esto se ve exacerbado por la sofisticación de los modelos de lenguaje y los avatares que simulan empatía, creando una ilusión de reciprocidad que no implica una consciencia o afecto genuino por parte de la máquina. (Bandura, 1973)

Desde una óptica sociológica, la interacción creciente con la IA puede influir en la forma en que la Generación Z percibe y experimenta las relaciones humanas. La inmediatez y la falta de complejidades emocionales en la interacción con la IA podrían, en algunos casos, generar expectativas irreales sobre las relaciones interpersonales, donde la resolución de conflictos o la reciprocidad emocional requieren un esfuerzo y una vulnerabilidad que no son replicables por un algoritmo. Esta dinámica plantea interrogantes sobre el desarrollo de habilidades sociales y emocionales esenciales en una generación cada vez más expuesta a interacciones mediadas por tecnología. (Turkle, 2018)

Es crucial destacar que la "voluntad de sentido" y el "amor auténtico" son atributos de la consciencia humana, ligados a procesos neurobiológicos complejos y a la experiencia subjetiva. Aunque la IA puede procesar y generar lenguaje que simula comprensión o afecto, carece de la capacidad de experimentar el mundo, tener intenciones o sentir emociones. Científicamente, la IA opera bajo principios de aprendizaje automático y procesamiento de datos, donde las respuestas son el resultado de modelos predictivos entrenados con vastas cantidades de información, y no de una comprensión intrínseca o una "voluntad" propia. (Frankl, 2000; 2015)

En conclusión, si bien la Generación Z interactúa de manera profunda con la IA y encuentra en ella ciertas utilidades y comodidades que pueden satisfacer, de forma superficial, sus necesidades de conexión o información, atribuirle a la IA una "voluntad de sentido" o la capacidad de un "amor auténtico" es una extrapolación sin respaldo científico. Es fundamental diferenciar la simulación de la inteligencia y la emoción de la experiencia real de la consciencia y el afecto. Las investigaciones futuras deben centrarse en comprender los impactos psicológicos y sociológicos de estas interacciones en la Generación Z, y en desarrollar una alfabetización mediática y tecnológica que permita discernir las limitaciones y capacidades reales de la inteligencia artificial. (Dennett, 1978)

 

Crítica Logoterapéutica: El Vacío del Algoritmo

Desde una lente logoterapéutica, esta "conveniencia emocional" con un algoritmo es intrínsecamente deficitaria. El amor, en su manifestación más profunda, exige un encuentro genuino con la alteridad, con las imperfecciones, las contradicciones y las sorpresas que solo otro ser humano puede ofrecer. Implica la renuncia a la comodidad del control total y la disposición a abrazar la frustración, el desacuerdo y el desencanto, elementos paradójicamente cruciales para el crecimiento personal y el descubrimiento de un sentido más profundo (Frankl, 2000; 2015). La interacción con ChatGPT, por su naturaleza algorítmica, carece de la reciprocidad existencial que define el amor humano. No hay un "tú" que elija libremente corresponder, que se equivoque, que crezca y se transforme junto al otro. La "empatía" del algoritmo es una mera simulación basada en datos, no una resonancia de alma a alma. La "validación" que ofrece es un eco de nuestras propias proyecciones, no un reconocimiento de nuestra singularidad por parte de un ser consciente y autónomo. (Méndez y Vega, 2013) 

Esta distorsión se podría manifestar en varias dimensiones (hago alusión a algunas):

 

·         Dependencia Emocional y Soledad Existencial: Paradójicamente, la facilidad de acceso a la IA puede exacerbar la soledad existencial. Si la Generación Z busca en el algoritmo una fuente principal de apoyo emocional y validación, corre el riesgo de empobrecer sus habilidades para establecer y mantener relaciones auténticas con otros seres humanos. La gratificación instantánea del algoritmo puede desincentivar el esfuerzo y la vulnerabilidad necesarios para construir vínculos significativos, perpetuando un ciclo de aislamiento. En lugar de encontrar sentido en la co-creación de una relación con un ser autónomo, el individuo se refugia en una interacción predecible que, a la larga, solo confirma su propio mundo interior, sin expandirlo ni desafiarlo. (Fabry, 1994)

 

·         Evitación del Sufrimiento y el Crecimiento: La interacción con la IA puede vaciar de sentido las experiencias de sufrimiento y crecimiento que son inherentes a las relaciones auténticas. Frankl (2000) sostenía que el sufrimiento, aunque doloroso, puede ser un camino hacia el sentido cuando se le otorga un propósito. Las rupturas, los desacuerdos y las desilusiones en las relaciones humanas, si bien difíciles, son oportunidades para desarrollar la resiliencia, la comprensión y una mayor compasión. Un algoritmo, al carecer de la capacidad de experimentar el sufrimiento y la libertad de elegir cómo responder a él, no puede acompañar al ser humano en este viaje de co-construcción de sentido a través de la adversidad. Las "soluciones" que ofrece son frías, programadas y, en última instancia, incapaces de tocar la fibra más profunda de la existencia humana. (Pérez, 2023).

 

·         Alienación de la Condición Humana: La búsqueda de un "amor" en un algoritmo representa una alienación de la propia condición humana. Al delegar en una máquina la satisfacción de necesidades emocionales fundamentales, la Generación Z corre el riesgo de deshumanizarse, perdiendo la capacidad de conectar con la riqueza y la complejidad de las emociones humanas, y de encontrar un sentido trascendente en el servicio y la dedicación al otro. La logoterapia nos convoca a trascender el autointerés y a encontrar un significado en algo más grande que uno mismo (Frankl, 2000;2015). En una relación auténtica, este "más grande" es el otro, en su alteridad, en su potencial de crecimiento mutuo y en la responsabilidad hacia su existencia. En una interacción con un algoritmo, el "más grande" sigue siendo uno mismo, proyectado y reflejado en una interfaz. (Wyman, 2023)

 

Conclusión

La Generación Z (nacidos aproximadamente entre 1997 y 2012) es la primera generación completamente inmersa en el mundo digital desde su infancia. Esto ha moldeado significativamente sus comportamientos, perspectivas y desafíos, ya que han crecido con Internet, smartphones, redes sociales y plataformas de streaming, lo que los hace increíblemente competentes en la navegación del mundo digital. Viven en un mundo de información fragmentada y constante interacción en línea. Esto, si bien ofrece ventajas, también puede generar sobreestimulación, gratificación instantánea, y una menor capacidad de atención y concentración en contenidos lineales; a su vez parece ser que son más conscientes de la importancia de la salud mental y el bienestar emocional. Son más abiertos a discutir problemas de salud mental y buscan activamente apoyo. De hecho, estudios indican que son más propensos a sufrir depresión y ansiedad que otras generaciones; y valoran la autenticidad y la expresión individual, a pesar de la superficialidad que a veces se asocia con las redes sociales, también buscan conexiones más reales y genuinas, y se preocupan por causas sociales y ambientales.

Pero respecto a aquella promesa de "amor" en la era de ChatGPT para la Generación Z es visto desde la logoterapia, como una ilusión peligrosa que distorsiona la esencia de las relaciones humanas y vacía de sentido la búsqueda inherente de conexión. Si bien la tecnología puede ser una herramienta valiosa para la comunicación y el aprendizaje, no puede, por su propia naturaleza, sustituir la riqueza y la complejidad de los vínculos humanos. La verdadera tarea de esta generación reside en reconocer la diferencia abismal entre un algoritmo y un alma, y en cultivar la voluntad de sentido que los impulse a buscar relaciones auténticas, donde el amor florezca no en la predictibilidad de un código, sino en la impredecibilidad, la vulnerabilidad y la trascendencia de dos seres humanos que eligen libremente compartir un camino, con todos sus desafíos y sus infinitas posibilidades de significado. Solo así podrán encontrar un sentido duradero en la era digital, evitando el espejismo de un amor sin alma.

 

Referencias

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Curriculum

Psicóloga de la Universidad Santo Tomás (Bogotá, Col.). Especializada en pedagogía y docencia de la Fundación Universitaria del Área Andina. Ganadora del premio Pablo Rispo de psicología, 2014. Mg. en Psicología clínica y de la salud de la Universidad Atlántico de Barcelona y Universidad Internacional Iberoamericana de México. Coordinadora de la Revista DiversidadEs de la Fundación DiversidadEs. Autora de diversos artículos científicos y de libros como “Análisis existencial en la escuela de la Restricción al encuentro creativo”, “Lágrimas furtivas”, “Polo a Tierra”, “Memorias de la tribulación” y “Cartas de Manuela Zimmerman”.

ORCID: https://orcid.org/0000-0002-2150-2056

Correo de contacto:
julilizcano801@gmail.com 

Fecha de entrega: 1/7/2025

Fecha de aceptación: 28/7/2025


 

Enlaces de Referencia

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